Cerrar bien en Michoacán; intervenir mejor en Tamaulipas

Si se cumplen los acuerdos signados entre las autodefensas y el gobierno federal, ganará Michoacán, ganará el país.

Las autodefensas se desarmarán y algunos de sus integrantes se incorporarán a las policías rurales bajo el control del ejército. Por su parte el gobierno federal continuará su acción hasta limpiar Michoacán de Los Templarios (y de sus protectores).

Las partes habrían mostrado sensatez con esta solución. El gobierno federal no podía apostarle a un desarme compulsivo, sino a uno pactado con las autodefensas, para evitar represión y derramamiento de sangre. Los líderes de las autodefensas saben que no pueden permanecer armados por tiempo indefinido y que lograron en lo fundamental su objetivo de llamar la atención y lograr la intervención federal para sacar a Michoacán del cautiverio Templario.

No hay certeza de que el gobierno federal vaya a cumplir su parte a cabalidad y lo antes posible. Pero las autodefensas tienen a su favor la simpatía de la mayoría de ciudadanos de Michoacán y del país. Eso les permitirá ejercer presión moral en caso necesario.

Parte de lo que el gobierno federal debe hacer para limpiar al estado, es lograr que, en el momento propicio, el gobernador Fausto Vallejo deje la gubernatura en manos de un político priista mucho más presentable y digo priista porque como quiera que haya sido el PRI ganó la elección de 2011 (y sobre cómo la ganó, por cierto, hay que leer la colaboración “También Fausto Vallejo” de Federico Berrueto en la edición nacional de Milenio del 13 de abril).

Mientras que el gobierno debe apretar el paso para limpiar Michoacán, al mismo tiempo debe intervenir cuanto antes y de la manera más decidida en Tamaulipas. Ahí el repunte de la matanza entre grupos criminales no es lo fundamental, sino el expolio (cobro de derecho de piso y secuestros a escala masiva) al que los tamaulipecos están sometidos por esas bandas rivales, igual o peor al que venían sufriendo los michoacanos.

Hay una luz de esperanza para Tamaulipas: sus ciudadanos se empiezan a movilizar en las calles para demandar seguridad, pese al gran riesgo que hacerlo implica en ese estado, donde los grupos criminales habían logrado paralizar mediante el terror a la opinión pública.