Estado de México: infierno de inseguridad desbordado

Los habitantes del Estado de México y en particular los del Valle de México, han padecido un verdadero infierno de inseguridad desde hace más de 30 años.

Entre 1980 y 1981, cada fin de semana, en la zona fabril de Naucalpan, Tlanepantla y Cuautitlán, agentes del Batallón de Radio Patrullas del Estado de México (BARAPEM) atracaban a obreros que acababan de cobrar su sueldo. Primero eran decenas las víctimas, después cientos y hasta miles.

Desde entonces los mexiquenses han sido victimizados por policías delincuentes o por criminales sin placa policial, con protección o sin ella. Al cabo de los años las víctimas se acumulan por millones; sólo una minoría de los habitantes no ha sufrido algún delito.

En 20 años alrededor de mil personas han sido asesinadas en atracos al transporte público de pasajeros. Los gobernantes han sido incapaces de solucionar este problema, de reducir la impunidad que es casi absoluta y de contener el alza de la delincuencia.

En los últimos 10 años el robo con violencia a negocios aumentó 568%, los secuestros 138%, el robo de vehículo con violencia 132% y 67% del robo con violencia del transporte de carga. De estos dos últimos delitos, la mitad de todos los que ocurren en el país tienen lugar en el Estado de México. Asimismo esta entidad es la que más municipios tiene entre los 20 más violentos del país.

Pero las cifras oficiales –no exentas de “rasurado”- no dan la imagen real del desastre. Según la encuesta de victimización del INEGI la tasa real de incidencia es de casi 57 mil delitos por cada 100 mil habitantes: ¡34 veces la tasa oficial de 1,700 por cada 100 mil habitantes!

Con base en la encuesta del INEGI El Universal estimó en más de 16 mil los secuestros que ocurren en el estado al año. No sé si llegan a tantos, pero la cifra real debe ser de varias veces la oficial de 191 en 2013. Por ejemplo, el año pasado el gobierno reportó 8 plagios en Chalco, pero organizaciones ciudadanas documentaron 50.

El ritmo de incidencia del secuestro y otros delitos se está acelerando en 2014. La ciudadanía tiene que movilizarse para revertir esta situación atroz: el hecho de que se sufra una realidad que ya es infernal, no significa que no pueda ser superada por otra aún más invivible.