'El Chapo' Guzmán o la futilidad del crimen

Para apoderarse de Juárez, desató una matanza que costó más de 10 mil vidas. Para arrebatarle el control de Tijuana a los Arellano Félix provocó la muerte de casi 3 mil personas y de otras 2,500 para conquistar la plaza de La Laguna.

Ahora cuando pasará el resto de su vida en una prisión de alta seguridad ¿para qué le sirvió todo este derramamiento de sangre a Joaquín Guzmán Loera? Para nada.

Todos los capos terminan muertos violentamente o en la cárcel. Y la inmensa mayoría de quienes pretenden seguir sus pasos, ni siquiera llegan a convertirse en máximos jefes. Terminan presos o son asesinados a tiros, cuando no en infernales sesiones de tortura.

Pero la futilidad de la vida criminal, considerando los propósitos que los delincuentes persiguen, no significa que sea fútil el enorme sufrimiento que causa. En el sexenio anterior más de 70 mil sujetos fueron asesinados a manos de los grupos criminales. La hecatombe se minimizó en el discurso oficial aduciendo que los caídos eran criminales.

Pero la mayoría de los asesinados no eran delincuentes violentos, sino adictos metidos a narco-menudistas, que no cayeron en enfrentamientos. Además, también inocentes fueron asesinados.

Ahora el gobierno celebra como un gran logro la captura de El Chapo Guzmán. Pero se trata de la repetición de una vieja historia, del sacar de circulación a un capo para que sea sustituido por otro.

En 1978 policías federales asesinaron al entonces máximo capo Pedro Avilés para dejar el camino libre a Miguel Ángel Félix Gallardo, el capo predilecto en las administraciones de López Portillo y De la Madrid. En 1989 Félix fue capturado y en 1995 cayó Juan García Ábrego, el capo favorecido bajo Salinas. El capo predilecto en las administraciones de Fox y Calderón fue Guzmán ¿Quién será ahora el favorecido?

En Tamaulipas dos organizaciones criminales han impuesto a la sociedad un expolio brutal como el de Los Templarios en Michoacán. Si los jefes de esos grupos hubieran sido capturados y su captura marcara el inicio del fin de la extorsión, el despojo, los monopolios de diversos giros mediante la violencia y la masificación del secuestro, eso sí merecería ser celebrado, no el rito de la sucesión del capo sexenal predilecto.