¿Hasta dónde vamos a aguantar?

El jueves 6 de junio en conferencia de prensa presentamos el video “La amenaza de las autodefensas”, de poco más de 3 minutos de duración y el cual puede verse en la página web del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal y en Youtube.

En el video exponemos el peligro que representa la tolerancia del Estado hacia los grupos de civiles armados, que pretenden usurpar, precisamente, su poder. A Colombia esta tolerancia le costó más 600 mil vidas en los últimos 30 años.

Si esa tragedia hubiera ocurrido en México y consideramos las diferencias de población entre ambos países, la cifra habría sido en nuestro caso de millón y medio de muertos. Si 65 mil muertos en el pasado sexenio producto de la narco-violencia nos parece demasiado ¿qué tal 300 mil por sexenio?, ¿qué tal un día hallar decenas de cadáveres en una fosa clandestina y los siguientes también?

Las autodefensas son el síntoma de una terrible enfermedad: la debilidad del Estado, su omisión ante la violencia criminal que lo desafía y que oprime a la sociedad.

El gobierno dice que los homicidios bajan. No sabemos si es cierto: desde hace tiempo las cifras oficiales están “rasuradas”. Pero supongamos que fueran ciertas. En tal caso la baja respondería a los cálculos y necesidades de los grupos criminales, no a la acción del Estado que no ha podido someterlos.

Según cifras oficiales el secuestro va al alza: 33% más plagios en los cuatro primeros meses de 2013 en comparación con el mismo lapso de 2012. Pero las cifras reales deben ser peores. El gobierno de Enrique Peña no está cumpliendo el compromiso de reducir este delito en 50%.

Los signos de la descomposición aumentan. El más alarmante es la desaparición forzosa de 12 personas en el Distrito Federal y la pésima respuesta del gobierno local.

La crisis de seguridad pública ha durado demasiado, ha causado enorme sufrimiento y no hay indicios de que esté siendo superada. Los gobernantes no tienen prisa en resolverla. Para que la tengan, los ciudadanos tendremos que presionarlos como nunca antes. Y más nos vale hacerlo: nos va todo en ello.