¿Grupos de autodefensa o paramilitares?

Una encuesta telefónica nacional de De la Riva Group señala que el 55 por ciento de los mexicanos ve en los "grupos de autodefensa" una expresión auténtica de los ciudadanos. Mucha gente en el país dice, de hecho, que estaría dispuesta a participar en tales organizaciones.

Imagínese, sin embargo, que se reemplazara el término "grupos de autodefensa" con "paramilitares", "guardias blancas", "escoltas" o "ejércitos privados". La percepción del público sin duda cambiaría. El nombre lo es todo.

"¿Qué hay en un nombre? Aquello que llamamos una rosa por cualquier otro nombre olería tan dulce" dice Julieta, de la familia de los Capuleto, a Romeo, de la rival familia de los Montesco. Julieta piensa con inocencia que si los dos renuncian a sus apellidos su amor podrá volverse realidad.

La experiencia nos dice, sin embargo, que los nombres son importantes. Las buenas conciencias que rechazan a las "organizaciones paramilitares" que cuidan sus propiedades o intereses cuando el gobierno no puede o no quiere hacerlo aplauden cuando estas mismas organizaciones se hacen llamar "grupos de autodefensa" o "policías comunitarias".

Los mismos comentaristas y grupos políticos que pedían el desarme de los grupos de autodefensa que los pequeños propietarios y ejidatarios de Chiapas crearon para defenderse de las invasiones de tierras de los zapatistas, y que cuestionaron a los creados por granjeros en Colombia para defenderse de las extorsiones de las FARC y los narcotraficantes, aplauden hoy a los grupos paramilitares que han surgido en comunidades de Michoacán o de Guerrero.

Los gobiernos estatales han buscado legitimar y legalizar a estos grupos armados. El mismo gobierno federal ha negociado con ellos, incluso cuando han secuestrado a funcionarios públicos y miembros del Ejército.

Los grupos paramilitares o de autodefensa suelen surgir del fracaso de los gobiernos para cumplir con su labor fundamental: proteger a los ciudadanos. Los que han venido apareciendo en Guerrero y Michoacán han utilizado la excusa de que el gobierno es cómplice o inútil ante las amenazas y presiones de los narcos. Pero una vez que se establece el precedente de que un grupo civil puede portar armas para ofrecer servicios de seguridad o aplicar justicia por propia mano, cualquier grupo considera que tiene el mismo derecho de hacerlo.

¿Cuál es el límite? ¿Cuáles son las reglas? ¿Cuáles son los grupos de autodefensa que deben ser abolidos y desarmados por la autoridad y cuáles los paramilitares (o viceversa) que deben ser aceptados e incluso protegidos por el gobierno?

La verdad es que el Estado que acepta ceder el monopolio de la fuerza siembra las semillas de su propia destrucción. Los grupos de autodefensa que ahora empiezan a proliferar en el país, y que han recibido un reconocimiento cuando menos tácito por parte de los distintos órdenes de gobierno, terminarán por volverse contra esas mismas autoridades. Hoy, de hecho, vemos que algunas bandas de narcotraficantes están creando sus propias policías comunitarias.

Por lo pronto los grupos de autodefensa han hecho un buen trabajo de relaciones públicas. El 55 por ciento de los mexicanos con teléfono los considera una expresión auténtica de los ciudadanos. No hay conciencia de que se trata de paramilitares. El nombre es más importante que las características del grupo.