El mensaje de la opacidad y la impunidad

Hace dos semanas Manuel Mondragón y Kalb, el comisionado Nacional de Seguridad Pública, aseguró que en los primeros 100 días del gobierno de Enrique Peña bajaron los homicidios y los secuestros en el país. Pero ¿cómo creerle, si a la fecha el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública no ha publicado las cifras de los meses de enero y febrero de 2013?

Hasta noviembre de 2012 las cifras se actualizaban respecto al mes que acababa de concluir, en las primeras dos semanas del siguiente. Es obvio que el nuevo gobierno aplica una política de opacidad, que significa una grave regresión en lo que México había logrado en rendición de cuentas ¿Tan mal van las cosas que han decidido ocultarlas, como en los viejos tiempos?

Pero no es sólo en este rubro donde se presenta una regresión. La política central de seguridad pública se orienta hacia la “prevención social del delito”. Por ejemplo, en Acapulco se gastan 100 millones de pesos en acciones tales como talleres educativos y de manualidades; identificación y tratamiento de jóvenes con adicciones; organización de eventos deportivos e impartición de clases de baile urbano, belleza y arte visual, así como la creación de escuelas de tiempo completo, según informó Roberto Campa, subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación.

Con estas acciones pretenden actuar sobre las que, para el gobierno federal, son las causas de la inseguridad en Acapulco: la falta de actividades comunitarias para abatir el ocio; la estigmatización de los habitantes de zonas marginadas y la desensibilización ante la violencia. Y la política es la misma para decenas de ciudades del país.

En pocas palabras: mediante cursos de macramé se buscará que los jóvenes de los barrios pobres dejen de usar su ocio para matar, secuestrar y extorsionar. Ante tales acciones ¡los delincuentes deben estar temblando de miedo!

Los criminales organizados observan siempre a los nuevos gobernantes y los cambios en las políticas. Si el gobierno pone el énfasis en cursos de macramé, en lugar de combatir y abatir la impunidad, para los criminales el mensaje es claro: las condiciones para delinquir sin preocupaciones son mejores que nunca…