Rescatar desaparecidos aún vivos ¡ya!

Qué bueno que el Procurador General de la República, Jesús Murillo Karam haya expresado que la institución a su cargo y en general el gobierno federal hará todo lo posible por hallar a los desaparecidos. Pero es urgente establecer prioridades e impedir que nuevas desapariciones se produzcan.

La máxima prioridad y en la que tienen que darse las acciones inmediatas con un gran sentido de urgencia, es rescatar a las personas que están desaparecidas pero aún con vida. Los grupos criminales privan de la libertad con cuatro propósitos principales: asesinar a sus víctimas, cobrar deudas reales o supuestas, obtener rescates y someter a sus retenidos a, literalmente, la esclavitud.

A su vez las personas que han estado y están en esta última categoría van desde menores tenidos como sicarios o mujeres objeto de esclavitud sexual, hasta individuos a los cuales las organizaciones criminales utilizan debido a su conocimiento técnico.

En esta categoría están ingenieros de diversos tipos y personas con diversas especialidades que van desde las telecomunicaciones hasta la informática o la logística de transporte. Según los indicios conocidos, su privación ilegal de la libertad se extiende por meses y hasta años. Un número no precisado de ellos, que podría ser de decenas, aún estarían vivos.

A estas personas con un trabajo de inteligencia se les podría localizar y rescatar en operativos sigilosos y sorpresivos, similares a los ya realizados por las fuerzas armadas, que han permitido liberar a miles de personas.

La segunda gran prioridad debe ser impedir que la lista de desaparecidos siga creciendo. Pese a las detenciones o las muertes en enfrentamientos con la fuerza pública, capos y sicarios mantiene casi intacta su capacidad de violencia y en particular de “levantar” personas. Esa maquinaria infernal tiene que ser desmantelada, aniquilada, lo antes posible y para ello debe aplicarse toda la fuerza del Estado.

Los sicarios no son fantasmas ni operan en otra dimensión física. Se antoja increíble que un Estado que dispone de más de 700 mil hombres en armas, entre policías y soldados, no haya podido someter a los pocos miles de criminales que integran la “minoría ridícula”, de la que hablaba Felipe Calderón.