‘Autodefensas’: ¿estrategia de los grupos terroristas?

En las localidades en donde han surgido los llamados grupos de autodefensa, el malestar de las comunidades es real ante el accionar impune de las bandas criminales, que ahí son el poder real.

Pero la manera en que estos grupos de autodefensa surgen podría no ser tan espontánea como parece. Lo que mantiene a estos grupos podría ser algo más que el sentido y justo malestar ante la delincuencia y la impunidad.

Curiosamente estos grupos han aparecido mayoritariamente en zonas donde por muchos años han operado organizaciones armadas clandestinas con móviles políticos e ideológicos. Y por supuesto no sería ninguna sorpresa que las milicias privadas de autodefensa, hayan surgido inducidas por esas formaciones subversivas o terroristas.

Esas agrupaciones subversivas son movidas por una estrategia político-militar denominada “guerra popular prolongada”, que a diferencia de la estrategia confrontación directa con el ejército y la policía de la guerrilla de los años setenta, se orientan hacia procesos sigilosos de acumulación de fuerzas para, en el largo plazo, lanzar insurrecciones con amplias bases de apoyo.

No han faltado “comentólogos” que desdeñan a estos grupos, por no tener una accionar militar visible como, por ejemplo, tienen las FARC en Colombia. Pero las formaciones terroristas no son clubs de simuladores. Sus militantes siguen una tenaz labor clandestina y de vez en vez aparecen con fuerza inusitada, ya se trate en acciones como la sublevación en Chiapas en 1994 o como el prolongado motín en la ciudad de Oaxaca de 2006.

A esas formaciones terroristas no les preocupa la inseguridad o la impunidad, sino el avanzar en su proyecto político-militar y, los vacíos de poder en muchas regiones rurales les ofrecen una gran oportunidad en tal sentido, ¿Que mejor manera de crear y sostener milicias, cuyos verdaderos objetivos son “revolucionarios”, que hacerlo bajo el manto de “legitimidad” de los grupos de autodefensa?

Además, no se crea que estos grupos son ajenos a las “guerras” del crimen organizado. Desde 2009 el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) tomó claro partido en la disputa entre cárteles de la droga en Guerrero. Y, el gobierno de Enrique Peña, ¿comprende esta situación?