¿Lista, la Gendarmería Nacional?

Pese a que ya recibió un presupuesto de 1,500 millones de pesos y el visto bueno de la clase política, Enrique Peña ha sido muy parco en detalles fundamentales de lo que será la Gendarmería Nacional.

A explicar sus alcances, en la sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública del 17 de diciembre de 2012, dedicó unas pocas líneas: "Este cuerpo será responsable de fortalecer el control territorial en los municipios con mayor debilidad institucional, así como en instalaciones estratégicas como puertos, aeropuertos y fronteras".

En 2010 la Secretaría de Seguridad Pública del gobierno federal informó que 414 municipios, que representaban el 17% del total de estas demarcaciones en el país, carecían de Policía municipal.

De entrada parece importante que hubiera fuerza policial en zonas del país que carecen de ella. Pero en realidad ese no es el propósito central de la Gendarmería, pues no es en esos municipios rurales, poco poblados y poco comunicados, en donde se localizan "instalaciones estratégicas".

De lo que en realidad se trata es de crear un cuerpo que luego cambiará su nombre por el de Policía Nacional. Y muy probablemente quien sugirió a Peña esta estrategia para crear la Policía nacional a partir de la gendarmería, fue el general Óscar Naranjo, quien fuera director general de la Policía Nacional de Colombia.

Pero, es ¿la Policía nacional la panacea para la solución de los graves problemas de seguridad de México? El mismo general Naranjo tendría que admitir que la mayor parte del tiempo de la institución que presidió -y que cumple 114 años de vida- no fue un modelo de eficacia policial.

La Policía Nacional muy poco hizo para frenar la guerra civil entre finales de los cuarenta y principios de los cincuenta del siglo 20; tampoco fue capaz de prevenir a la ofensiva narcoterrorista de finales de los ochenta y principios de los noventa; ni en contener la ofensiva de los grupos subversivos de entre 1996 y 2002.

De hecho una organización policial centralizada no es sinónimo de eficacia, ni una descentralizada de ineficacia. En Estados Unidos hay 14 mil agencias de aplicación de la ley y las mismas en general son capaces de controlar la violencia mucho mejor que en México...o que en Colombia.

La Policía Nacional de Colombia ha sido realmente ejemplar en los últimos 10 años, pero no por su organización centralizada, sino por las políticas que siguió, según los lineamientos de los Presidentes Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos. Sobre todo el primero usó todo su poder para lograr el objetivo de recuperar el monopolio estatal de la fuerza e impuso un esquema de responsabilidades para la Policía y las fuerzas armadas, basado en metas para reducir violencia y delito, de cuyo cumplimiento dependió la permanencia en los cargos. Eso es exactamente lo que habría que retomar de la experiencia colombiana, no el aspecto policial organizativo, que es secundario, casi accidental.

Respecto a los tiempos de completa construcción de la Gendarmería, en realidad de la Policía Nacional, así como para concluir el proceso de policías locales coordinadas, se ha establecido como término ¡el segundo semestre de 2018!, cuando la presente administración esté concluyendo. Respecto a esto, en nuestra crítica del proyecto de Policía nacional hemos venido alertando que el mismo sólo serviría para comprar tiempo, para seguir difiriendo la solución a la crisis de seguridad y para dar excusas para no cumplir compromisos de reducir el crimen.

Por lo que hace las prioridades, comenzar por crear un cuerpo para atender municipios en donde no se concentra la incidencia de la violencia, es poco sensato. Pero además, ello significa relegar la actuación urgente contra los dos principales factores de la crisis: los niveles de impunidad -que son los más altos desde 1997- y el que la permanencia en los cargos de seguridad pública no depende del desempeño de quienes los tienen, los cuales son sostenidos pese a sus malos resultados.

Si a esto se suma la estrategia de prevención del delito basada en subsidios o en escuelas de tiempo completo, esto es, para incidir en factores que no causan el delito, entonces no hay razones para esperar la solución a la crisis de inseguridad en esta Administración.