La mentira del millón de desplazados

La senadora Diva Gastélum denunció la supuesta existencia de al menos 1.2 millones de desplazados como consecuencia, según sus propias palabras, de la “guerra (de Felipe Calderón) contra el narcotráfico”.

Gastélum no es la fuente original de esta cifra, sino que la ha retomado –sin mucho espíritu crítico- de otros, quienes han construido un mito con muy escasos asideros en la realidad.

En junio de 2011, la empresa Parametría divulgó el informe sobre una encuesta que levantó entre 500 personas, en el que afirmaba: “De quienes se movieron de residencia en México en los últimos 5 años, el 17% manifestó haberlo hecho por causas relacionadas con la violencia. El número representa el 2% del total de personas de 18 años o más en el país.”

Y añadía: “Al tomar como referencia los datos del Instituto Federal Electoral sobre la población mayor de 18 años (82 millones 419 mil 351 ciudadanos), el 2% obtenido en la encuesta equivale a 1 millón, 648 mil, 387 ciudadanos víctimas de desplazamiento forzado.”

Sólo hay un pequeño problema para quienes se toman en serio los resultados de esta “encuesta”: no son capaces de decir en donde están los casi 1.7 millones de supuestos desplazados. Tampoco los ha encontrado el Alto Comisionado de Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR), organismo que no sólo atiende a refugiados, sino además a quienes han tenido que desplazarse dentro de su país huyendo de la violencia. Y tan es así, que en los informes más recientes de ACNUR sobre atención a desplazados, México aparece con cero.

Ejemplo elocuente del mito de los desplazados es Juárez, Chihuahua, municipio del que se llegó a decir que había sufrido el desplazamiento de 235 mil personas (¡casi la quinta parte de la población!), cuando que según el Censo de 2010 había más habitantes entonces que en 2005.

Sí ha habido desplazados, en los municipios de Praxedis G. de Guerrero, Chihuahua y Mier, Tamaulipas, por ejemplo. Pero la cifra es de algunos miles, no de 1.2 ni de 1.7 millones. Hay que cuantificarlos y sobre todo acabar con su condición de desplazamiento forzado.

Somos los primeros en denunciar el “maquillaje” de las cifras oficiales sobre violencia. Pero exagerar, mitificar o mentir, no ayuda a resolver el problema.