La guerra inútil

La guerra de Calderón es una lid inútil. ¿Qué ocurre cuando el enemigo se fortalece y convierte el enfrentamiento en un negocio cuyas ganancias se multiplican de manera geométrica y convierten al Chapo en uno de los hombres más ricos del mundo?

Algo huele a podrido en México. Cierto que varios de los capos están en prisiones de alta seguridad, sin que esto disminuya el tráfico de estupefacientes o altere los ritmos habituales en esos trasiegos criminales. ¿Qué ocurre entonces? ¿Contra quién combaten el Ejército y la Marina? Uno de los riesgos de una guerra semejante era la desventaja de un Estado torpe que daba palos de ciego.

Calderón consiguió que la ya rasgada soberanía nacional se viera asaltada por los embates estadounidenses. Agentes de la DEA han circulado por un lado y por otro con entera libertad; operativos lamentables como "Rápido y furioso" hablan del cinismo radical de la nación vecina; lo peor del caso es que todo ha sido en aras de una pelea mediática que sólo ha servido para incrementar el número de cárteles en México.

El problema real de estos grupos, al parecer, es cómo denominarse. Ya existen hasta Caballeros templarios, Del milenio, Familia michoacana, La mano con ojos, que de pronto supuso una condición esotérica, cuando en realidad era un homenaje a un monigote ideado por Televisa Deportes.

Los estrategas de Calderón han fracasado de parte a parte. Una guerra nunca se gana si el contrario se fortalece y se multiplica hasta llegar al hastío. ¿Importa detener un capo si al día siguiente se le ha sustituido por otro? ¿Cómo se pueden arrojar decenas de cadáveres en las calles principales de Veracruz? ¿Cuántas balas "perdidas" han cobrado vidas de ciudadanos inocentes y ajenos a la droga?

El presidente Calderón admitió el sueño húmedo de un conflicto que le dio una fatua "legitimidad". Carta de presentación que generó 60 mil muertos y resultados infames ante un asunto difícil de frenar. Los narcos han combatido con armas modernas, que han llegado a ellos gracias a los manejos truculentos de la nación de las barras y las estrellas. ¿Cómo puede Calderón ufanarse de un hecho cuyo inventario es desfavorable a México?

Calderón deja una república a merced de una jauría a la que abrió la puerta y que hasta ahora ha sido imposible de cerrar. ¿Cuál era la mejor forma de combatir al narco? En definitiva, una respuesta así es un asunto de inteligencia nacional. Por otro lado está claro que la empleada por el gabinete de seguridad ha constituido un desplome inminente.

Los Zetas se entronizaron, las cabezas cortadas fueron una realidad macabra, los ataques a sitios de diversión en el norte del país se convirtieron en una regularidad criminal. Todo esto acotado por una guerra que llenó páginas de periódicos regionales y nacionales, que dio una y mil imágenes para las televisoras o que fue parte de los ronroneos de las redes sociales. Ya sólo falta el Corrido de la guerra inútil.