En seguridad, Calderón no pudo I

Cuando Felipe Calderón inició su mandato hace casi seis años, no sabía realmente a lo que se enfrenaba en materia de seguridad pública. Nadie lo sabía.

Pero hacia mediados de 2008 el panorama ya era claro. Los grupos criminales habían adquirido un poder y capacidad para desafiar al Estado nunca antes vistos. Estos no sólo decidieron masacrarse unos a otros en disputa por la hegemonía, sino que expandieron sus operaciones más allá del narcotráfico en busca de toda suerte de rentas y enfrentaron a fuerzas del orden que no se les sometieran.

El poder de los grupos criminales resultaba de la corrupción, miopía e ineptitud de las autoridades locales y federales, especialmente a la política de dejar que los criminales se maten entre sí.

Frente a ello las políticas seguidas por Calderón fueron: recurrir a las fuerzas armadas (más de lo que habían hecho sus predecesores), aumentar el número de efectivos de la Policía Federal y promover la depuración y reorganización de las policías locales. El objetivo era contener la violencia y reducir la afectación de las personas inocentes.

Pero el objetivo no fue alcanzado. Cada año ha habido más muertes atribuibles a los grupos criminales hasta 2011, sobre 2012 pues no se sabe, dado que el gobierno decidió ocultar las cifras (por algo será). Se mantienen en los niveles más elevados el secuestro, la extorsión y otros delitos, muy por encima de los que había en 2006.

No tengo la plena certeza de si Calderón favoreció a un determinado grupo criminal. En todo caso es un hecho que en Tijuana y en Juárez al final se impuso precisamente la banda de Joaquín Guzmán y tras de ello la violencia bajó, luego de que se le dejó correr por buen tiempo.

Si –como unos dicen- había que concentrar el esfuerzo contra los grupos más agresivos contra la población, la elección de prioridades podría entenderse. Pero en todo caso también en esto hay fracaso. Esos grupos más agresivos -Los Zetas, La Familia y su escisión Los Templarios- son más poderosos que hace 6 años y hacen más daño que entonces.

Calderón tenía los medios para cumplir su objetivo explícito, pero ni sus colaboradores hicieron lo que les correspondía ni él indujo a las autoridades locales a hacer lo propio.