¿No more weapons? ¡No más excusas!

Una placa monumental colocada cerca de un paso fronterizo de Juárez, Chihuahua, pretende inmortalizar el reproche a Estados Unidos por su supuesta responsabilidad en la violencia que México padece.

El Presidente Felipe Calderón asegura que si los sicarios de los narcos han matado a más de 50 mil personas desde 2007, es porque del otro lado del Río Bravo se venden libremente fusiles de asalto (como el AK-47 o el AR-15).

Es más, según Calderón, la única razón por la cual no se ha restablecido la prohibición de la venta de ese tipo de armas en el país vecino -la cual se mantuvo entre 1994 y 2004- no es otra que el diabólico afán de lucro de la industria estadounidense de armamento.

Pero hagamos cuentas para medir la codicia del Gran Satán. Vamos a suponer que cada una de las 50 mil personas asesinadas por los sicarios cayó por un arma distinta (aunque todas ellas de un mismo tipo: fusiles de asalto AK 47). Si un “cuerno de chivo” cuesta unos 450 dólares y 50 cartuchos unos 50 dólares, entonces las ventas totales para perpetrar la matanza habrían sido por la fabulosa cantidad de 25 millones de dólares.

Calderón y quienes comparten su visión ni siquiera se preguntan ¿por qué en el país con el mayor mercado de drogas en el mundo y que es uno de los que tienen mayor per cápita de armas en manos de particulares, no sufre el nivel de violencia de México?

Y la respuesta a esa pregunta es que sin importar de donde vengan las armas ni quienes las tengan (narcos o no narcos), el gobierno no permite que grupos armados exterminen a los rivales, es decir, el gobierno estadounidense es capaz de reclamar con éxito su monopolio sobre la violencia (legítima) y proteger a los gobernados.

Calderón tampoco se pregunta porque si antes de 1994 la venta de fusiles de asalto no estaba prohibida, entonces no había el actual nivel de violencia. Y la respuesta a esta otra interrogante es simple: porque el asunto de las armas es irrelevante, mera excusa para ocultar la ineptitud de los gobernantes federales y locales para garantizar la seguridad de los mexicanos.

Si Calderón en lugar de gastar tanta energía en culpar injustamente a nuestros vecinos, la hubiera empleado en resolver el problema, otro gallo nos cantaría.