El Estado fallido se genera en las prisiones

En los penales del Distrito Federal en los últimos cinco años han sido asesinados 76 internos y 41 más fueron víctimas de violación. La tasa anual promedio de homicidios dolosos en las cárceles capitalinas es de 40 por cada 100 mil habitantes, tres veces más que la tasa del DF.

La situación en los penales del resto del país no es mejor. Las prisiones son los espacios más violentos de México, verdaderos infiernos. Pero ¿por qué que en lugares donde los delincuentes y presuntos delincuentes –en teoría- ya han sido sometidos por el Estado, puede haber tal desorden y ausencia de ley? Por dos razones principales: por una política que se presenta como humanista pero que en realidad es sumamente corrupta y cruel y porque los gobernantes cedieron su monopolio de la fuerza ante el autogobierno carcelario.

Desde hace 40 años el Estado mexicano proclama que el propósito de la prisión es la readaptación social del delincuente, pero de entrada ese discurso yerra por cuanto que la mitad de quienes están presos ni siquiera han sido hallados culpables en un juicio penal. Pero, además, entre los sentenciados muchos no se readaptarán o de ser así ¿para qué imponerles condenas que equivalen en la práctica a la prisión vitalicia?

Mientras el Estado mexicano proclama su credo penitenciario redentorista, las prisiones fueron transitando del viejo modelo de la cárcel-basurero al modelo de cárcel-botín. En éste la prisión es un medio de venganza social que busca infligir un enorme maltrato al interno y al mismo tiempo es un medio de explotación de él y sus allegados por parte de sus carceleros corruptos y sádicos.

Un elemento indispensable del esquema es el autogobierno (incluso legalmente sancionado desde 1971) y un elemento nuevo en los últimos 15 años ha sido el hacinamiento deliberadamente provocado (para aumentar la miseria del interno y la presión con fines de extorsión y venta de privilegios).

Cuando extramuros el Estado mexicano cedía su monopolio de la coerción y toleraba que los narcos se mataran entre sí, ya antes había hecho similar cesión en las prisiones. Son las dos caras de un mismo mal y las dos deben ser combatidas a la par o si no el país todo se volverá en el infierno que ya son sus cárceles.