Los paramilitares y la obsesión de Calderón

El diccionario define “paramilitar” así: “1. adj. Dicho de una organización civil: Con estructura o disciplina de tipo militar.”

Pero quienes aseguran que en México hay “paramilitarismo” no es a esa definición genérica a la que se refieren, sino a una más restringida, de milicias privadas dedicadas a la contrainsurgencia y/o la “limpieza social” con anuencia del gobierno (federal).

Más cercana a esa imagen de “paramilitarismo” es la de grupos de civiles armados que combatieron en Colombia a las bandas terroristas (de izquierda) y luego fundaron las Autodefensas Unidas. Estos grupos fueron creados por agricultores y ganaderos hartos de las extorsiones, secuestros y masacres de los guerrilleros, pero después esos grupos cruzaron la línea de la autodefensa, realizaron incursiones punitivas contra sus adversarios (incluyendo matanzas de civiles desarmados) y terminaron siendo bandas criminales tan viles como las que inicialmente combatían.

Nada de eso ocurre en México. No hay grupos paramilitares en tareas de contrainsurgencia (ni para la fantasiosa “limpieza social”), tolerados o no, por más articulillos y libracos de quinta se escriban para torcer la realidad. Lo que hay son sicarios al servicio de los grupos criminales, que recurren con cada vez más frecuencia a métodos terroristas.

¿Cuál es el propósito de fabricar la mentira sobre el paramilitarismo? Simple: dar más fuerza a la causa que busca poner a Felipe Calderón en un calabozo de por vida, como si fuera un genocida. No es lo mismo acusar a Calderón de que con su política de combatir a los narcos provocó que estos desataran la matanza en curso (lo cual es una patraña), que acusarlo de ser el autor directo de la hecatombe mediante paramilitares por él consentidos (que es una patraña todavía mayor).

Lo intrigante de esta trama es que los mismos que tratan de vengarse de Calderón por haber ganado limpia y legalmente la elección de 2006, son los mismos que quieren llevar a Marcelo Ebrard (o a López) al poder.

Pero con esto último Calderón no sólo coincide, sino que lograrlo es su mayor obsesión (y para ello mueve todos sus hilos en el PAN). Por desgracia, el afán autodestructivo de Calderón amenaza también a quienes no lo compartimos.