Entre focos muy rojos y el son de la negra

Es falso que en Acapulco hayan bajado los homicidios como consecuencia del operativo de fuerzas federales. Lo digo con los datos en la mano : en septiembre hubo 106 homicidios y en octubre 104, ¿cual baja del 46%?

Pero la cosas podrían estar peor en el puerto, pues las fuerzas del orden han encontrado fosas clandestinas, respecto de las cuales mantienen hermetismo (por lo menos en una fosa los marinos encontraron los restos de 5 personas).

Y en el resto del Estado de Guerrero las cosas no andan mejor. No sólo es el gran volumen de la violencia, sino el carácter político que la narco-guerra tiene. Y el pleito no es entre organizaciones criminales ligadas cada cual a políticos de partidos distintos, sino a facciones de un mismo partido.

Desde hace por lo menos 2 años el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) acusó al entonces gobernador Zeferino Torreblanca de estar al servicio del capo Joaquín Guzmán, pero el grupo terrorista no está impoluto. En septiembre de 2009 el ERPI admitió haber ejecutado a 50 sicarios de grupos asociados a El Chapo, en enfrentamientos que habían ocurrido desde 2007. El ERPI justificó su participación alegando que los sicarios rivales en realidad practicaban acciones de “contrainsurgencia” ¡Patrañas!, ¿¡cual contrainsurgencia!? El ERPI ya es parte de la narco-guerra.

Y eso debería hacer de Guerrero el foco rojo de la máxima atención. Tras de que Colombia se libró en 1993 de Pablo Escobar, renacieron las esperanzas de superar la violencia. Pero ésta repuntó a partir de 1996 con la ofensiva de las FARC que intentaron tomar el poder, financiadas con la cocaína. Ya nos lo han advertido no pocos colombianos: cuidado cuando se junten terrorismo y narco.

Pero la situación en Guerrero no parece inquietarle mucho a su gobernador Ángel Aguirre, quien con gran cinismo sostuvo que sus policías no son suizos ni lo serán, esto durante la sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública. Aguirre fue uno de los gobernadores más molestos por la presión del presidente Felipe Calderón para concretar las depuraciones policiales en plazos perentorios. Y es que poner fin al síndrome del son de la negra, es el quid para superar la crisis de seguridad en México.