…Y la violencia sigue al alza

El 13 de mayo del presente año, el Presidente de la República, Felipe Calderón -en entrevista con el periodista estadounidense Charlie Rose- aseguró que la violencia asociada al crimen organizado bajaría en el corto plazo.

No se cual sea la noción de corto plazo del Primer Mandatario, pero según los propios datos oficiales con todo y que están rasurados (según he demostrado), no indican mejoría, ni de su lectura se desprende que vaya a haberla pronto, al menos en lo que resta del año.

Según el corte informativo al 15 de julio de 2011 del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en el cual aún faltaba información de cinco entidades federativas, entre enero y junio del año en curso se habían registrado 11 mil 032 homicidios dolosos en el país (en realidad unos 11 mil 500 considerando los datos de las entidades que faltan). Pero entre enero y junio de 2010 la cifra de homicidios fue de 9 mil 787, es decir, 17.5% menor a la del mismo semestre de 2011.

Según una proyección simple, al finalizar 2011 se habrán cometido unos 23 mil homicidios, frente a 20 mil 127 en 2010 y 16 mil 117 en 2009, así como 13 mil 193 en 2008, todo según cifras oficiales.

El optimismo presidencial al parecer se basó en la baja coyuntural de los homicidios en Juárez, Chihuahua. Mientras que en enero de 2011 hubo 222 asesinatos, en mayo hubo 151 y en junio 156. Pero para mediados de julio ya iban más de 100 homicidios.

Pero en tanto se define si la incidencia de homicidios en Juárez será muy alta o alta, en otros puntos del país la violencia homicida sigue al alza. En 2011 Monterrey, capital de Nuevo León, podría ingresar al ranking de las 50 ciudades más violentas del mundo, con lo cual México ya no tendría 13 sino 14 urbes en esa indeseada lista. En el primer semestre de 2011 la ciudad norteña lleva 311 homicidios, que al final del año podrían ser más de 600 y un tasa de 50 por cada 100 mil habitantes.

De modo que si la violencia no baja como es el objetivo de la estrategia gubernamental, de ésta cabe cuestionarse -de nuevo- su pertinencia. Para quien esto escribe combatir a los criminales no es algo que siquiera esté sujeto a discusión. El punto es si los responsables directos de aplicar la estrategia son eficaces o no.