¿Venezuelizar México?

Casi todos los críticos de la estrategia del gobierno federal contra la violencia del crimen organizado y el propio gobierno federal, coinciden en un punto: lo más importante para reducir la delincuencia es “restituir el tejido social”.

Todos ellos suponen que la causa de la violencia es, para decirlo en claro castellano, que los pobres delincuentes se vieron obligados a delinquir ante la pobreza, falta de oportunidades y desigualdad crecientes.

La premisa del supuesto empobrecimiento del país en años recientes es un tiro que se dan en el pie los partidos políticos. Cuando los gobernadores de todos los partidos salen hablando de los logros de sus gobiernos ¿entonces mienten descaradamente?

Todo esto es un reverendo disparate. La pobreza en México es innegable, pero decir que aumentó es una falsedad. Pero más absurdo es atribuir a la pobreza la violencia. El país era mucho más pobre hace 40 años que ahora y entonces no había fosas clandestinas con los cadáveres de cientos de ejecutados, ni miles de migrantes eran secuestrados por año.

¿Qué quieren los que dicen que pobreza o diferencias en los ingresos causan la violencia? Más “gasto social”, más gasto público en general, más burocracia, más impuestos, más interferencia del gobierno en la economía, más regulaciones, más quitarle la riqueza a unos para dásela a otros. Es decir, si el Estado le quita al rico más riqueza de la que ya de por sí le quita y se la da al pobre, a éste entonces se le ahorra la molestia de delinquir.

¿Y esto de veras va a reducir la violencia? Veamos el caso de Venezuela donde rige el “socialismo del siglo XXI”. En el continente, nadie ha llevado más lejos el programa de “justicia social”, de “restituir el tejido social” o dicho sin eufemismos de robarle a los de mayores ingresos para repartir el botín entre los de menores ingresos, que el gobierno de Hugo Chávez

¿Redujo esto el delito y la violencia? ¡No!, ocurrió exactamente lo contrario. Desde que Chávez llegó al poder los homicidios se triplicaron, Venezuela es una de las cinco naciones más violentas del mundo.