El SME comienza a transformarse en un brazo bélico para la izquierda

Después de 18 meses de la extinción de Luz y Fuerza del Centro, el SME, arreado por Martín Esparza, toma el camino de la violencia que toca los linderos del terrorismo.

Cuando se pensaba que el sindicato de electricistas sería utilizado como plataforma política para las aspiraciones de su dirigente y conseguir fuero en 2012 que lo protegiera y mutar en un movimiento de corte político-social al servicio de Andrés Manuel López Obrador, la lucha que encabeza es la del odio y de miedo en contra de la ciudadanía.

La guerra que declaró Esparza fue en contra del presidente Felipe Calderón y el secretario del Trabajo Javier Lozano; sin embargo, los ataques son en contra de la ciudadanía. El asunto se complica cuando las autoridades del DF encabezadas por Marcelo Ebrard los toleran y en casos como el de López Obrador promete que si Alejandro Encinas llega a la gubernatura del Estado de México creará una empresa que les dé trabajo.

Los hechos violentos que protagonizaron las huestes de Martín Esparza en calles de la Ciudad de México, en las que agredieron a personas e incendiaron automóviles, y la reciente amenaza de tomar calles y avenidas comienza a provocar, entre la ciudadanía miedo por niveles de violencia que han aumentado a sus protestas.

La definición más llana del terrorismo es que se distingue de otras formas de violencia política por las perturbaciones psicológicas que provoca en la sociedad, pues una faceta esencial del acto terrorista es que su efecto psicológico resulta tanto o más importante que las reales consecuencias físicas del acto violento.

Incluso organizaciones como el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal, que dirige José Antonio Ortega, indica que el SME practica el "terrorismo de baja intensidad", es decir los actos violentos que son terroristas desde el punto de vista técnico-jurídico, pero en los que no se utilizan explosivos y no hay decenas o cientos de muertos por atentado.

"El 'terrorismo de baja intensidad', término que no es una categoría jurídica sino del análisis político, se refiere al tipo de tácticas y técnicas de lucha y presión como las aplicadas por Evo Morales y sus secuaces y que a la postre los llevaron al poder en Bolivia. El "terrorismo de baja intensidad" es el que hemos visto en Oaxaca en 2006 (y hace poco de nuevo), así como por parte de los macheteros de San Salvador Atenco y antes por los porros al estilo Alejandro Echevarría El Mosh de la UNAM", añade el especialista en seguridad José Antonio Ortega.

Además el Código Penal Federal es claro en su Capítulo VI artículo 139: Se impondrá pena de prisión de seis a cuarenta años y hasta mil doscientos días multa, sin perjuicio de las penas que correspondan por los delitos que resulten, al que utilizando sustancias tóxicas, armas químicas, biológicas o similares, material radioactivo o instrumentos que emitan radiaciones, explosivos o armas de fuego, o por incendio, inundación o por cualquier otro medio violento, realice actos en contra de las personas, las cosas o servicios públicos, que produzcan alarma, temor o terror en la población o en un grupo o sector de ella, para atentar contra la seguridad nacional o presionar a la autoridad para que tome una determinación.

La misma sanción se impondrá al que directa o indirectamente financie, aporte o recaude fondos económicos o recursos de cualquier naturaleza, con conocimiento de que serán utilizados, en todo o en parte, en apoyo de personas u organizaciones que operen o cometan actos terroristas en el territorio nacional.

En su reciente movilización y desmanes provocados a las afueras del edificio de la extinta LyFC, los integrantes del SME encuadran en lo que señala el código penal: se cometieron actos "en contra de las personas, las cosas o servicios públicos". Aunque no hayan utilizado explosivo los actos del SME si se realizaron "por cualquier otro medio violento" como fue el incendio de autos y sus métodos violentos sí han producido "alarma, temor o terror en la población o en un grupo o sector de ella", cuando menos en el caso de los empleados de la Comisión Federal de Electricidad ellos viven bajo el permanente y fundado temor de ser agredidos, pues al menos se han producido un millar de agresiones contra ellos y las instalaciones de la empresa paraestatal.

De esta manera el SME comienza a transformarse en un brazo bélico de la izquierda. Lo único que falta es que se consiga una víctima para que Esparza pueda chantajear al gobierno.