¿Ya basta?

Leo, estupefacto, la declaración de Eduardo del Río (Rius), el caricaturista de "los agachados" y "los supermachos", y cito: "Queremos hacerle ver al gobierno que ya estamos hasta la madre de vivir esta situación de angustia y temor generalizado. Esperamos que la gente se una a esta campaña y deje de estar cruzada de brazos viendo ver cuándo se le ocurre al gobierno de la República parar esta absurda guerra que no está sirviendo de nada".

Vale. Entiendo y saco conclusiones. Según Rius, el responsable de los 30 mil muertos es Felipe Calderón. Los cárteles del Golfo, Sinaloa, Zetas y demás no tienen nada que ver. Si el gobierno rectifica, se terminan los problemas. Volvemos a la normalidad y sanseacabó. Así de fácil. Todo es cuestión de voluntad política. Y como ésta no existe, los ciudadanos deben presionar.

Me gustaría suscribir la propuesta de Rius y Julio Scherer, fundador de Proceso. Ojalá tuvieran razón y la solución fuese así de sencilla. Pero no es el caso. Por eso, y para evidenciar la complejidad del problema, enumero a continuación 14 apostillas.

1. Las Fuerzas Armadas no pueden retirarse de la noche a la mañana. No hay corporaciones capacitadas que puedan sustituirlas. Las zonas más conflictivas, Chihuahua, Tamaulipas, Guerrero, Sinaloa, Nayarit, Veracruz, etcétera, quedarían a merced del crimen organizado. Lo que hoy ocurre no es deseable. Pero lo que sucedería si el Ejército se replegara sería infinitamente peor.

2. La debilidad del Estado es estructural; incluye cuerpos de seguridad, sistema de impartición de justicia y red carcelaria. El barco hace agua por todas partes. La mejor confirmación es el grado de impunidad. Se procesan y sancionan menos del 1 por ciento de los delitos que se cometen. El resto queda impune.

3. La clase política no se ha comportado responsablemente. Los gobernadores se hacen los occisos. No quieren ni se atreven a asumir responsabilidades. El color puede ser distinto, pero los resultados son idénticos. Como Pilatos, se lavan las manos.

4. El eslabón más débil de toda la cadena son los municipios. El Senado estima que seis de cada 10 cabildos están infiltrados por el narcotráfico. La cooptación de las corporaciones policiacas va desde alcaldías pequeñas hasta la ciudad de Monterrey. Conclusión: imposible blindar cabildos.

5. No hay que inventar el hilo negro. La salida en el mediano plazo sería una policía nacional. Pero es un hecho que no tiene viabilidad política. Priistas y perredistas se oponen y no por buenas razones. El caso es que esa ruta es intransitable y no existe otra alternativa viable.

6. Los indicadores que utiliza del gobierno para argumentar que va ganando la guerra son erróneos: 1) decomisos de droga. Irrelevante. Cuando disminuye la oferta y no el consumo, los precios aumentan y compensan la pérdida de volumen; 2) incautación de armas. Se ha incrementado, sí, pero no afecta la capacidad de fuego, creciente, del crimen organizado; 3) detención de capos. Tal como puso en evidencia WikiLeaks, los propios estadounidenses reconocen que la decapitación de capos produce el efecto hidraflorecen nuevos jefes.

7. Un criterio fundamental para evaluar son las consecuencias de las acciones de fuerza. Pongo dos ejemplos: Guerrero y los Beltrán Leyva; Jalisco y Nacho Coronel. La violencia se ha multiplicado en ambos casos. La decapitación potenció conflictos. El desenlace es de pronóstico reservado.

8. Los verdaderos indicadores para evaluar la estrategia del gobierno son: a) espiral de la violencia; b) recuperación de zonas y contención del problema. En ambos renglones el balance es negativo. Para continuar con la metáfora de Calderón: la intervención del Estado debió orientarse a conjurar la metástasis. Intervenciones quirúrgicas puntuales. Aislamiento, cauterización y extirpación. No fue el caso.

9. El presidente Calderón no ha asumido cabalmente su responsabilidad. La falta de coordinación en el gabinete de seguridad es elocuente. No se puede convocar a una guerra y luego dejar que cada corporación actúe como bien lo entienda. Los resultados están a la vista.

10. La velocidad del contagio es alarmante. A principios de 2009, Patricia Espinosa, secretaria de Relaciones Exteriores, confinó el problema a tres estados: Baja California, Chihuahua y Sonora. Hoy, a dos años de distancia, la lista incluye Nayarit, Veracruz, Tamaulipas, Nuevo León, Guerrero y Michoacán. Amén de los estados, como Jalisco, que empiezan a descomponerse.

11. Monterrey, ¿caso aislado o ejemplo paradigmático? Enlisto: 1999, Fortune la declara como la ciudad más atractiva para hacer negocios. 2002, el New York Times la define como urbe modelo. 2005, América Economía la ubica como la metrópoli más segura. Cinco años después, los bloqueos y las ejecuciones arrasan con la ciudad. ¿Qué pasó? Esa es, sin duda, la gran pregunta.

12. ¿No hay de qué preocuparse o estamos ante un fenómeno imparable que va de la periferia al centro? Imposible responder categóricamente. Pero es un hecho que todos los indicadores son preocupantes. La degradación se está acelerando. Cada vez hay más zonas fuera de control. Incluso las carreteras, las supercarreteras, se han vuelto peligrosas.

13. La violencia es ya, para desgracia de todos, un elemento más del juego suma cero entre el PAN y el PRI. El espacio de negociación se ha reducido drásticamente.

14. Todo indica que en el futuro la violencia y el deterioro serán mayores. La gran cuestión es cómo llegarán el país y el Estado al 2012 y, adicionalmente, el costo y el tiempo que llevará enderezar la nave.

¿Ya basta? Sí, pero qué hacemos.