Tamaulipas, Guerrero, Morelos

Cuando el Presidente Enrique Peña está por rendir su tercer informe de gobierno y a tres meses y tres semanas de completar la mitad de su mandato, hay focos de violencia y crimen que se mantienen incólumes en el país.

La situación más desastrosa sigue siendo la de Tamaulipas, donde los grupos criminales son un poder real y muchas veces más efectivo que el público.

El problema se ha intensificado en Matamoros, aunque no es el único municipio en tal condición. Los atracos al transporte de carga, las extorsiones y secuestros han provocado incluso el desabasto temporal de algunos productos. Hay cuando menos 10 asaltos a comercios al día. Los secuestros exprés son cosa cotidiana. El cobro de derecho de piso es generalizado, masivo.

En Matamoros los grupos criminales bloquean vías de comunicación y se enfrentan con la fuerza pública. Sicarios asesinan policías un día en San Fernando, otro en Nuevo Laredo y uno más en Altamira.

Si la exposición de que fue objeto Guerrero como consecuencia de la masacre de Iguala hizo abrigar la esperanza de que la violencia bajaría, esa esperanza se ha esfumado. En plena temporada vacacional arreciaron las ejecuciones en Acapulco. Los dueños de bares y restaurantes del puerto se quejan de que los turistas no acuden a sus establecimientos y se guarecen en sus hoteles. En dos años 1,100 empresas han abandonado el estado.

En Iguala los transportistas se rebelan contra secuestros y atracos. En Chilpancingo vecinos colocan mantas en las que amenazan con linchar asaltantes y secuestradores. Los grupos de “autodefensas” -unos al servicio de la guerrilla, otros al servicio del crimen organizado- se masacran entre sí, mientras el gobernador Rogelio Ortega concentra su esfuerzo en liberar a delincuentes ligados a los grupos guerrilleros que él tanto quiere.

En Morelos el gobierno hace propaganda con cifras alegres. El número de denuncias habrá bajado, pero los secuestros, extorsiones y atracos continúan expulsando familias del estado. Clínicas privadas han cerrado sus puertas por atracos y secuestros.

La inseguridad no se reduce a la evasión de un capo. Todo el esquema de seguridad pública en el país sigue en crisis ¿Qué va hacer al respecto el Presidente Peña y cuándo?