Edomex, Puebla y DF a la cabeza en linchamientos

Entre 2010 y 2014 el Estado de México encabezó la incidencia de linchamientos con 58 casos, seguido de Puebla con 33 y el Distrito Federal con 14, de acuerdo con el estudio “Linchamientos en México: recuento de un periodo largo (1988-2014)”, elaborado por los doctores Raúl Rodríguez Guillén y Norma Ilse Veloz, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Así, en conjunto en esas tres entidades han ocurrido 105 casos, que representan 65 por ciento de los 160 eventos registrados durante ese periodo, que fue cuando se disparó la violencia en todo el país.

Los especialistas afirmaron que este tipo de acciones colectivas surgen en buena medida de la falta de un estado de derecho y de la ausencia de la aplicación de la justicia por parte de las autoridades, por lo que la ironía es que la enorme mayoría de las veces estos casos quedan impunes y socavan aún más la legalidad.

En el análisis se indica además que durante los 26 años recientes, siete de las 32 entidades del país concentraron 80 por ciento de eventos, coloquialmente denominada “justicia por propia mano”.

Se trata del Estado de México, Distrito Federal, Puebla, Morelos, Oaxaca, Chiapas y Guerrero, que conforman “un grave top seven”, según se desprende del periodo analizado entre 1988 y 2014.

Los investigadores manifestaron que estas cifras dan un promedio de 13.6 eventos por año. “En el periodo contemplado no ha habido año en que no se produzca al menos un evento violento en el país del tipo que estamos considerando”.

Destacaron tres picos altos en la incidencia de linchamientos en México: en 1997 con 27 casos, 2010 con 47 y 2013 con 40 eventos, cuya suma arroja 114 casos.

En contraste, cuatro de las 32 entidades (Colima, Nuevo León, San Luis Potosí y Zacatecas) no presentan un solo evento relacionado con los linchamientos.

“A pesar de su naturaleza efímera, el acto violento (linchamiento) cometido de forma extralegal confiere a los participantes —ya sea instigadores, autores materiales o encubridores— una complicidad reforzada con el anonimato, y que al mismo tiempo propicia la impunidad: cuando son todos, ninguno es culpable”, señalaron.

Agregaron que “el anonimato que permea a la acción colectiva de los linchamientos, sumado a su frecuente espontaneidad, le imprimen un carácter altamente violento y pasional que genera en los participantes un sentimiento compartido del ‘deber cumplido’ al hacerse justicia por propia mano”.

Uno de los linchamientos de mayor impacto social se registró el 10 de febrero de 2012 en Chalco, Estado de México, donde tres jóvenes fueron apaleados y quemados vivos por pobladores que los acusaron de formar parte de una banda de plagiarios.

Otro fue el intento de linchamiento en Santa María Chiconautla, Ecatepec, en marzo de 2013, cuando habitantes de esa zona golpearon y apedrearon a un sujeto acusado de secuestrar a una menor de edad.

No nos arrepentimos de lo que hicimos y seguiremos defendiendo el pueblo con tal de ‘haiga’ seguridad. Ya estamos hasta el gorro de todo esto (…) uno tiene que defender a nuestros hijos”, gritaron entonces habitantes de la zona.

Los investigadores de la UAM expusieron que en los linchamientos generalmente los participantes se conocen entre sí y cuentan con estrategias de acción para enfrentar por sí mismos eventos delictivos, por lo que pasan a formar parte del fenómeno social, bajo la categoría del “vigilantismo”.