El DF y Edomex son territorio de mafias

El mes pasado, cuando el procurador Jesús Murillo Karam declaró que en la Ciudad de México no operan los cárteles de la droga, contradijo incluso las cifras de la dependencia que encabeza. Su afirmación contrasta con los documentos publicados hace meses por organizaciones sociales, revistas, periódicos, el Congreso estadunidense y la Semar.

Entrevistado al respecto, un comandante mexiquense sostiene: los capos utilizan la Ciudad de México como su centro de negocios, mientras el líder de los comerciantes de la Ciudad de México, Guillermo Gazal, lo secunda e incluso documenta el modus operandi de las mafias.

Desde que era titular de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) durante la gestión de Marcelo Ebrard, Miguel Ángel Mancera siempre negó la presencia de los cárteles de la droga o de células del crimen organizado en la Ciudad de México. Y lo sigue haciendo hoy como titular del gobierno capitalino, aunque los informes oficiales señalan lo contrario.

Pese a ellos, el 11 de agosto Mancera obtuvo un espaldarazo de la Procuraduría General de la República (PGR), de la Secretaría de Gobernación y de las corporaciones de seguridad. Ese día, desde el Centro de Comando, Control, Comunicaciones y Cómputo (C4), el procurador Jesús Murillo Karam declaró que en el Distrito Federal “no tenemos detectado asiento de ninguno (de los cárteles de la droga)”.

Su alocución fue escuchada por los titulares de la Secretaría de la Defensa Nacional, de la Secretaría de la Marina Armada de México, del Consejo Nacional de Seguridad Pública y de algunos gobernadores. El gran ausente fue el mexiquense Eruviel Ávila Villegas.

Las palabras de Murillo van a contrapelo de las cifras que manejan la propia PGR y la Policía Federal, incluso el Congreso de Estados Unidos, siempre puntual cuando se trata de monitorear a sus vecinos del sur.

Los especialistas consultados aseguran que si bien la producción de estupefacientes es incipiente en el Distrito Federal, las organizaciones criminales operan sistemáticamente otros giros asociados, como la venta de droga al menudeo y de productos pirata, la trata de personas, el secuestro, la extorsión y el robo de automóviles. Además, la cercanía con el Estado de México y Morelos provoca un “ahorcamiento” por los grandes grupos delincuenciales que operan en ese entorno.

Según José Antonio Ortega, presidente del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia Penal, las autoridades federales y capitalinas “quieren tapar el sol con un dedo”. Esos ilícitos son un riesgo en las dos entidades colindantes con la Ciudad de México, pues las bandas cobran incluso el “derecho de piso” y están presentes en la capital.

En su informe La inseguridad en el Estado de México y el cerco criminal de la capital del país —dado a conocer el 26 de marzo pasado—, el Consejo expone: “El crecimiento de la violencia entre grupos criminales, del secuestro y la extorsión en los municipios conurbados del Valle de México ha hecho crecer el temor del cerco sobre el Distrito Federal”.

Para el sociólogo Héctor Castillo Berthier, el norte de la Ciudad de México —que comprende las delegaciones Azcapotzalco, Gustavo A. Madero y Venustiano Carranza— es el más “conflictivo” por su conexión con el Estado de México. Aunque los riesgos abarcan también la Cuauhtémoc y otras demarcaciones del sur-poniente: entre ellas la Miguel Hidalgo y la Álvaro Obregón. En esas fronteras convergen, comenta, “dos mundos fuera de todo contexto de ley”.

—¿La presencia de los cárteles en el Estado de México influye para que operen en el Distrito Federal? —se le pregunta.

—Por supuesto. Las zonas más penetradas son los municipios de Ecatepec, Ciudad Nezahualcóyotl y Chimalhuacán. Te encuentras toda la problemática urbana de todo el país en esos municipios. Hay una presión muy fuerte de los grupos del crimen organizado del Estado de México hacia el Distrito Federal.