Dar el mejor uso a la nueva Gendarmería Nacional

Finalmente el 22 de agosto fue presentada la Gendarmería Nacional como una división de la Policía Federal. Pero de entrada es nueva fuerza plantea dos problemas: primero, la experiencia previa en la creación de nuevos cuerpos policiales es de que por sí misma no mejora de la seguridad pública y que con frecuencia se trata de acciones para simular que se está haciendo “algo”; segundo, no hay claridad sobre los objetivos, funciones y alcance de la gendarmería o de manera muy concreta sobre el uso que se le va a dar.

El término gendarmería es tomado de la institución de igual nombre que existe en Francia y que depende del ejército. En esa nación la gendarmería tiene como principal función la de brindar seguridad pública en municipios rurales o de menos de 20 mil habitantes. Para los municipios o localidades de más de 20 mil habitantes están las respectivas fuerzas metropolitanas de cada ciudad y que forman parte de la Policía Nacional.

En Francia el diseño institucional de la gendarmería responde a la idea de que es poco eficiente el que existan pequeñas corporaciones policiales en cada uno de los municipios, sobre todo si son rurales o están relativamente poco poblados. Sin embargo, en otras naciones hay una multitud de corporaciones policiales sin que por ello existan problemas de eficacia y eficiencia policial, como es el caso de Estados Unidos.

En el caso de México, una fuerza del tipo de la gendarmería francesa pareciera responder al hecho de que poco más de 400 municipios (de los 2,457 que tiene el país) carecen de policía municipal, mientras que hay cientos más con fuerzas policiales muy débiles. Pero esta situación presentaría el agravante de la presencia de células de los grandes grupos criminales.

En pláticas sostenidas, por quien esto escribe, con funcionarios del gobierno federal del área de seguridad, ellos manifestaron que la gendarmería vendría a subsanar la situación de municipios con policía o con una fuerza débil, pero en primer lugar en aquellas demarcaciones con presencia de los grupos criminales.

Pero el otro objetivo, comentaron, era el de ir sustituyendo a las fuerzas armadas que de manera provisional han asumido las tareas de seguridad pública, para finalmente lograr el regreso de la totalidad de los soldados y marinos a sus cuarteles. En algunos casos la gendarmería cumpliría las funciones de seguridad pública en forma temporal, hasta que se constituyeran fuerzas policiales locales confiables. Pero en otros casos, de municipios rurales y de escasa población, la presencia de la gendarmería sería permanente.

Es decir, a la gendarmería también se le haría intervenir ahí donde las fuerzas policiales locales han sido rebasadas.

Pero el Comisionado Nacional de Seguridad, Alejandro Rubido, de quien dependerá la nueva fuerza policial, parece tener otra idea sobre el rol de la gendarmería. En reciente entrevista periodística manifestó que su función principal sería la de brindar seguridad a “cadenas productivas”, entre las que enumeró las actividades mineras y las agropecuarias.

Resulta imprescindible definir entonces los objetivos y funciones de la nueva fuerza, la cual inicia con una plantilla de 5 mil efectivos pero que deberá llegar a los 50 mil al concluir la administración del Presidente Enrique Peña.

Y en el corto plazo es imperativo dar el mejor uso posible a esta nueva fuerza, según las necesidades prioritarias del país. De ahí que el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal AC, que me honro en presidir, haya propuesto que la totalidad de la fuerza de la gendarmería o la mayoría de sus efectivos sean destinados a municipios rurales de Tamaulipas, sobre todo en la región centro-sur, a saber: San Fernando, Cruillas, González. El Mante, Soto la Marina, Hidalgo, Padilla, Llera, Guerrero, San Carlos y Valle Hermoso.

Las razones de esto son patentes. La primera es que la procuraduría de justicia y las policías de Tamaulipas están completamente perdidas: han sido capturadas por el crimen organizado. La segunda razón es los grupos criminales han desquiciado las actividades productivas al someter a quienes participan en ellas – y de manera masiva- a extorsión, robos, secuestros y despojos, e incluso las han hecho víctimas de asesinatos, desapariciones y desplazamiento forzoso.

El objetivo de la gendarmería, con el apoyo del resto de la Policía Federal, las fuerzas armadas y la Procuraduría General de la República, debería ser erradicar a los grupos criminales y recuperar lo antes posible la seguridad en esos municipios.

Es cierto que en Guerrero hay municipios donde los grupos criminales son el poder verdadero, pero es en Tamaulipas donde se vive la mayor inseguridad en el país, por lo cual abatirla debería ser la prioridad del gobierno federal.

Si se procediera como proponemos, la nueva fuerza policial podría nacer con buenos augurios. Pero en caso contrario ello revelaría que el gobierno federal tiene equivocadas sus prioridades, en perjuicio de la seguridad pública de México.