Podan, no erradican, el árbol del mal 2-2

Los jefes criminales de Tamaulipas capturados o abatidos entre 2010 y 2012, señalados en la anterior entrega, no eran figuras irrelevantes en sus siniestras organizaciones, aunque tampoco eran los líderes máximos.

Pero también los de esta categoría fueron abatidos o capturados al final de la administración de Felipe Calderón. En noviembre de 2010 murió en un enfrentamiento con marinos, Antonio Cárdenas, quien era de los máximos jefes del Cártel del Golfo (CDG) y hermano de Osiel Cárdenas, quien fue el capo número uno. Otro hermano de éste, Mario, fue capturado en septiembre de 2012, y poco después Eduardo Costilla, con quien compartía el liderazgo del grupo criminal.

Por lo que hace a Los Zetas el mayor golpe que se le propinó fue la muerte, en otro enfrentamiento con marinos, de su máximo líder Heriberto Lazcano, en octubre de 2012. Si bien la muerte tuvo lugar en Coahuila, Lazcano forjó su liderazgo criminal en Tamaulipas y ahí estaba su principal bastión.

Ahora bien, con todas estas capturas y muertes de líderes criminales ¿Los Zetas y el CDG cuando menos se debilitaron y la seguridad mejoró en Tamaulipas? ¡No! Al final de la administración de Calderón estas organizaciones eran más poderosas que antes y su abuso contra inocentes era peor.

Y viene todo esto a cuento porque ahora nos están pasando la misma vieja película: se pregona que ahora sí mejora la seguridad en Tamaulipas porque tales o cuales “objetivos prioritarios” han sido capturados o abatidos. Pero la seguridad no mejora, la situación es esencialmente la misma a la de mayo de 2014.

Señalar esto no significa dejar de reconocer el gran esfuerzo y sacrificio que soldados y marinos vienen realizando desde hace años. Pero su abnegación ha sido desperdiciada por quienes deciden las políticas.

Lo que a las autoridades de antes no interesó y a las actuales tampoco interesa es la capacidad de regeneración de las organizaciones criminales: tan pronto un jefe cae, otro lo sustituye y todo sigue como si nada.

La captura o muerte de líderes de los jefes criminales, entonces, opera como una suerte de poda. Pero las podas no matan al árbol, lo hacen más fuerte.

¿Por qué no se arrancan las raíces para acabar de una vez con el árbol del mal?