Rescatemos México: Movilizarse sí funciona

Lo he explicado pero no sobra reiterarlo: si la ola de violencia que se inició en 2008 y golpeó a gran parte del país apenas alcanzó al Distrito Federal, la razón es que en la capital del país la sociedad civil se movilizó para impedir que la inseguridad empeorara e incluso la redujo.

Consecuentemente si la violencia creció sin freno y los grupos criminales se apoderaron de muchos municipios y estados completos, es porque en esos lugares la sociedad civil no fue capaz de movilizarse.

El Distrito Federal dista mucho de ser modelo de seguridad. Entre 1997 y 2013 un total de 187 víctimas de secuestro fueron asesinadas. El DF está entre las tres entidades federativas con la mayor incidencia criminal real (contando cifra oculta) según las encuestas de victimización del INEGI. Todos los días en promedio 14 automovilistas son despojados de sus vehículos con violencia. Según la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros, el DF mantiene el liderato nacional indisputado en robo de vehículos de carga.

Pero si eso es cierto también lo es que en el DF durante 1997 se denunciaron 23,185 robos con violencia al transporte de carga y en 2013 hubo 273: una baja del 96%. En 1997 se denunciaron 21,241 robos con violencia de vehículos y en 2013 la cifra fue de 5,223: una baja de 75%. En 2004 se denunciaron 145 secuestros en el Distrito Federal y en 2013 fueron 60: una baja del 59%. En 2004 fueron asesinadas 25 víctimas de secuestro y 29 en 2005. El año pasado los secuestrados asesinados fueron 5.

Pero sobre todo el DF no se convirtió en el infierno de violencia y expolio criminal en que se tornaron Tamaulipas, Michoacán, Guerrero o Chihuahua.

El 27 de junio de 2004 alrededor de un millón de ciudadanos marchamos para exigir seguridad, pero antes – el 29 de noviembre de 1997- y después –el 30 de agosto de 2008- la sociedad civil defeña se movilizó masivamente. Los gobernantes locales -con independencia de sus móviles- no tuvieron más remedio que atender nuestra exigencia de seguridad.

Contrariamente a lo que los políticos se afanan en hacernos creer, tomar las calles pacíficamente -sea para protestar por la inseguridad u otra injusticia- sí funciona, si se hace con tenacidad y exigencias certeras y claras.