¿Un zar contra el secuestro?

No porque el secuestro sigue creciendo vertiginosamente y ello multiplica el sufrimiento de muchas personas, sino porque la situación crea un problema político, es que el gobierno del Presidente Enrique Peña considera la creación de un nuevo cargo, de una suerte de “zar”, responsable de coordinador los esfuerzos de todos los niveles de gobierno contra el plagio.

El cargo recaería en una persona de gran prestigio y credibilidad, quien se avocaría principalmente al cumplimiento pleno de la ley general respectiva, en particular en la tarea de hacer que las unidades anti-secuestros en las entidades federativas estén debidamente constituidas y operando a toda su capacidad.

¿Funcionará esta estrategia para primero revertir el crecimiento del secuestro, después hacerlo descender y finalmente cumplir el compromiso del Presidente Peña de reducir este delito a la mitad de lo que era en 2012?

Me temo que no, sin importar cuan honorable, comprometido y capaz sea el “zar” que se nombre, ni cuanto respaldo reciba. Y la razón principal del escepticismo es que para vencer a este delito las tácticas específicas que se han desarrollado no alcanzan para derrotarlo. Es decir, esas tácticas sí funcionan en países con una elemental solvencia del estado de derecho, pero no en uno donde no la hay, como es México.

Desde hace décadas las tácticas principales contra el secuestro se han centrado en las dos vulnerabilidades principales de los plagiarios: las comunicaciones para la negociación entre ellos y los allegados de las víctimas y el pago del rescate.

En la lucha contra el secuestro se ha desarrollado una carrera similar a la armamentista, la del espionaje o la de la seguridad informática, entre las medidas de los secuestradores y las contra-medidas de quienes los combaten. Cada cierto tiempo los plagiarios encuentran la forma de eludir las medidas de protección de sus víctimas o las tácticas para capturarlos. Después los profesionales de la seguridad vuelven a superarlos…hasta que los plagiarios desarrollan nuevas artimañas…

Pero en general al final las tácticas de protección privada y de combate de las agencias de aplicación de la ley han derrotado a los secuestradores. La prueba es que la gran mayoría de países del mundo están libres del flagelo del secuestro y sólo en un puñado de ellos es un problema endémico y de elevada incidencia. Pero no es una casualidad que esos países tengan algo en común: la debilidad del estado de derecho.

Si se cotejan las cifras oficiales de incidencia de secuestro con la estadística judicial de condenas impuestas, resulta que la tasa de castigo de este delito ronda el 90%, muy por encima de las tasas de cualquier otro delito, incluyendo el homicidio.

Pero si además se toman en cuenta los secuestros denunciados ante la PGR y el “rasurado” de cifras oficiales, la tasa de castigo es considerablemente menor, pero aun así sigue siendo superior a las tasas de castigo para los demás delitos. No hay que olvidar tampoco que las prisiones albergan a poco más de 12 mil plagiarios.

¿Por qué entonces el secuestro en lugar de ir a la baja va al alza?, ¿no acaso el castigo cumple las funciones de inhabilitar a los delincuentes capturados y disuadir a los que todavía no han sido detenidos?, ¿qué pasa entonces?

Las causas principales de esta aparente paradoja son dos. La primera es la impunidad general. La mayoría de los delincuentes llega al plagio después de haber incursionado impunemente en el robo de auto-partes, el robo de vehículos, los atracos y/o el sicariato. Los delincuentes llegan al secuestro porque sus carreras criminales no fueron atajadas al principio, como dice la teoría de las “ventanas rotas”.

La segunda causa y hoy por hoy más importante es el formidable poder de los grandes grupos criminales, sobre todo los que incursionan en actividades delictivas más allá del narcotráfico.

Imposible derrotar al secuestro y a la extorsión si se sigue tolerando el gobierno paralelo del Cártel del Golfo y Los Zetas en Tamaulipas y otros estados o el de La Tuta y Los Templarios en Michoacán.

O se actúa contra estos grupos y cesa la protección política hacia ellos o todo lo que se diga o haga contra el secuestro será mera simulación.