El negocio de culpar a las víctimas

La semana pasada con motivo de la presentación del informe “Homicidio: una mirada a la violencia en México” del Observatorio Nacional Ciudadano, su director, Francisco Rivas, refirió que en los últimos tres años más de 300 víctimas de secuestro habían sido asesinadas y declaró:

El pago del rescate no se debe dar. Primero, porque no garantiza que las víctimas vayan a regresar con vida; y segundo, porque estamos fomentando un negocio criminal grave que los mexicanos llevamos sufriendo de manera constante en los últimos 20 años”.

Es decir, si sobre todo a partir de 2008 el secuestro se disparó en México eso es culpa de Alejandro Martí y de los familiares de otras miles de víctimas de secuestro que aceptaron pagar el rescate exigido.

Esta afirmación no sólo es completamente falaz sino sumamente perniciosa.

Veamos los aspectos lógico y moral de esta falacia. Según el seguimiento que en el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, venimos realizando desde hace más de 10 años, en promedio por cada 100 secuestrados seis son asesinados.

Pero en los casos en que el rescate no fue pagado y la víctima no se evadió o no fue liberada en un operativo policial o militar, el 100% de las víctimas fueron asesinadas.

Lo que Rivas pretende es eso: que los familiares no paguen y dejen asesinar a sus seres queridos. De modo que al año no habría en promedio 130 secuestrados asesinados, sino miles.

Pero claro, se puede objetar: si en un año los familiares no pagaran y dejaran asesinar a los secuestrados, estos sumarían cientos o miles, pero después ya habría más secuestros, pues los plagiarios sabrían que no podrían obtener rescates.

Supongamos que así fuera. Queda por ver quiénes serían los primeros dispuestos a dejar asesinar a sus familiares. Creo que hasta el señor Rivas si le secuestraran un hijo no dudaría en pagar el rescate, de modo que así entramos al aspecto ético del asunto: el señor Rivas utiliza dobles estándares morales, uno para los demás y otro para él.

Y si digo que la declaración de Rivas además resulta perniciosa es porque no proviene de algún académico alelado, sino porque él representa a un organismo ciudadano que hasta la fecha no se ha deslindado de su despropósito.