No tiene la culpa el Rogelio, sino quien lo hizo compadre

"Soy la comandante Nestora Salgado García, y sólo le llamo para decirle que a cambio de la libertad de su hija me tiene que entregar la cantidad de cinco mil pesos, así es que ya sabe, cuando tenga esa cantidad me la entrega y yo le entrego a su hija".

Estas eran las palabras que utilizaba Nestora Salgado, la comandante de la “policía comunitaria” de Ayutla de los Libres, Guerrero, cuando llamaba a los padres de las cuatro mujeres menores de edad que secuestró en julio de 2013 y por las cuales obtuvo rescates. Así procedió hasta que fue detenida en agosto de ese año.

Ella no es ninguna presa política, sino una vulgar y sucia secuestradora, como vulgares y sucios secuestradores son sus camaradas del EPR y del ERPI, los grupos terroristas que controlan la mayor parte de las “policías comunitarias” de Guerrero, sobre todo en las regiones de la Costa Chica y La Montaña.

Los activistas vinculados a la guerrilla siguen un patrón: combinan sus actividades como “líderes sociales” con la comisión de delitos. Las primeras les sirven además para intentar impunidad por los segundos. Así fue el caso de Rocío Mesino en Guerrero y de cuatro miembros de la CNTE en Oaxaca, ligados al EPR y que secuestraron a dos niños, sobrinos del líder empresarial Gerardo Gutiérrez Candiani.

Si Nestora Salgado es liberada, como pretenden Rogelio Ortega, el PRD y muchos otros izquierdistas, no hay ninguna razón para no abrirle las puertas de las cárceles a otros próceres de la Patria como Daniel Arizmendi y los 12 mil plagiarios presos. Pero tampoco hay razón para no liberar a José Luis Abarca.

Rogelio Ortega, el desgobernador de Guerrero, busca liberar a Nestora Salgado porque él también se dedicó al secuestro cobijado por la ideología izquierdista. Ortega está en la gubernatura para favorecer a sus camaradas terroristas por todos los medios posibles. Cuando no les permite a los sedicentes “maestros” de la CETEG y a normalistas atracar camiones cargados de mercancía o bloquear carreteras, busca darles mayores prebendas.

El gobierno federal favoreció la designación de Ortega porque supuestamente iba a apaciguar a sus compañeros de armas. Si hace exactamente lo contrario no es su culpa, sino de quien lo hizo gobernador.