Las drogas y el dinero fluyen entre México y EEUU

Las calles de Laredo están inundadas de dinero, pilas de billetes sucios con residuos de cocaína, envueltos en plástico y escondidos en compartimentos secretos de camionetas, autobuses y autos que fluyen diariamente al sur, a través de la frontera mexicana, cual río motorizado.

Autoridades aduanales han descubierto una veintena de ingeniosos escondites, desde los 3 millones de dólares ocultos en el piso de un autobús hasta los 1.6 millones metidos en morrales que se balanceaban sobre la cabeza de gente que vadeaba el Río Bravo.

Tan sólo en cruces fronterizos y aeropuertos, agentes aduanales de Estados Unidos decomisaron 57.9 millones de dólares en el año fiscal que terminó el 30 de septiembre, un incremento del 74 por ciento respecto al año anterior. Y una vez que el dinero llega a México, es introducido fácilmente en una economía clandestina en gran parte no regulada, o es lavado a través de negocios aparentemente legítimos.

Mientras que Estados Unidos ha reforzado las regulaciones bancarias y tomado medidas enérgicas contra las sofisticadas conspiraciones para lavar dinero en los últimos 35 años, una mayor cantidad de las ganancias por la venta de drogas es introducida de contrabando a México a la manera tradicional, reportan autoridades de procuración de justicia.

Funcionarios estadounidenses dicen que es crítico detener los envíos de efectivo y echar por tierra el lavado de dinero para paralizar a los cárteles en México, que han desatado una ola de violencia que ha cobrado más de 15 mil vidas desde que el Presidente Felipe Calderón empezó a tomar medidas represivas contra el crimen organizado en diciembre del 2006.

Autoridades de impartición de justicia y propietarios de negocios en México dicen que el ataque contra los cárteles ha llevado a los narcotraficantes a diversificarse en otras empresas generadoras de dinero, al establecer negocios como spas y guarderías para lavar ganancias de las drogas y vender nuevos productos, como películas pirata o petróleo "ordeñado".

"Es una evolución natural de la actividad criminal, así como sucedió con la mafia en los 50", señaló John Feeley, subjefe de la misión diplomática de la Embajada de Estados Unidos en la Ciudad de México. "No pueden seguir trabajando con un producto ilegal".

A pesar de que las autoridades estadounidenses decomisaron 138 millones de dólares el año pasado, esa cantidad es diminuta comparada con los entre 18 mil y 39 mil millones de dólares al año que la Agencia Antinarcóticos estadounidense estima que ingresan de contrabando a México cada año.

"Hay una enorme cantidad de dinero que pasa sin ser detectada o interceptada", dijo John T. Morton, subsecretario del Servicio de Inmigración y Aduanas. "Intentamos ir un paso adelante de la gente que mueve el dinero. Desafortunadamente, en estos momentos estamos un paso atrás".

En México resulta relativamente fácil lavar dinero, aseguran funcionarios de impartición de justicia. Aunque el Gobierno mexicano ha reforzado las regulaciones bancarias, los cárteles de las drogas todavía compran bienes raíces, automóviles, joyas y otros artículos de lujo en efectivo sin que ninguna actividad sospechosa sea reportada al Gobierno.

Luego, los vendedores hacen enormes, pero legales, depósitos en efectivo en los bancos, y el dinero fluye hacia la economía, señalan funcionarios mexicanos y expertos en lavado de dinero.

Buena parte del dinero es reunida por casas de cambio y luego enviada de regreso a bancos estadounidenses en camiones blindados, indicaron los expertos. El dinero también es sacado de México hacia Colombia y otros países para pagar a productores de cocaína.

Los cárteles también lavan dinero a través de empresas que suenan tan inofensivas como el spa Perfect Silhouette, de la Ciudad de México, y la guardería Happy Child, de Culiacán, de acuerdo con el Departamento del Tesoro.

En Monterrey, un comerciante explicó cómo los Zetas, uno de los grupos del crimen organizado más temidos del País, convirtieron su pequeño puesto de un mercado en un negocio mayorista de productos pirata, incluyendo películas y CDs. Los cárteles ahora producen copias ellos mismos y las venden bajo su propia marca; un unicornio es el símbolo de los Zetas.

"Te dicen, 'esta tienda es nuestra ahora'", afirmó el nervioso comerciante, quien insistió en permanecer en el anonimato para evitar la furia de sus nuevos jefes. "Los Zetas me pagan un salario. Es mucho menos de lo que ganaba cuando trabajaba por mi cuenta, pero ésta es gente a la que no le puedes decir que no".