¿Hay intencionalidad política en las narco-ejecuciones?

Los sicarios de los narcos son sociópatas simples, es decir, como todos los sociópatas carecen de todo principio moral y de toda empatía. Pero les decimos simples porque no enmascaran su desprecio absoluto por la vida humana con ideología, como sí lo hacen los terroristas.

Por eso llama la atención la manera en que se han dado algunas de las más recientes narco-ejecuciones, pues siguen patrones muy similares a los de los terroristas.

Debe recordarse que fue en Irak donde por vez primera fueron videograbadas ejecuciones de rehenes, luego ampliamente difundidas por Internet. El propósito de dar tal difusión a las atrocidades no era otro que mostrar al mundo entero que ni el ejército estadounidense ni el nuevo gobierno iraquí (electo democráticamente) estaban en control del país.

Ahora los sicarios del narcotráfico en México recurren a la misma táctica. Si lo que estos asesinos buscaban era aterrorizar a sus rivales en el narcotráfico o a la policía, no se habrían tomado tantas molestias. Narcos y policías no necesitan lecciones por Internet. Los destinatarios del mensaje son otros, somos todos.

Lo que se nos quiere decir es que el gobierno no está en control, que el Presidente Felipe Calderón ha fracasado en la tarea más prioritaria que se ha impuesto.

Pero ¿que ganan con ello los narcos? A simple vista nada. Por ejemplo el objetivo del feroz narco-terrorismo del Cártel de Medellín en Colombia entre finales de los ochenta y principios de los noventa era muy claro: impedir la extradición de los capos a Estados Unidos.

A los narcos mexicanos por supuesto que no les gustaría seguir el camino de Osiel Cárdenas, entre otros. Pero ni siquiera han planteado el chantaje: o dejar de extraditarnos o habrá terror.

Si no es el temor a la extradición lo que mueve a los narcos ¿entonces cuál es el móvil?

Los narcos son hombres de negocios criminales, no les interesan por sí mismas ni política ni ideología, más que como instrumentos para sus fines criminales. Pero los narcos mexicanos no están solos en su negocio. Son dependientes de sus proveedores y éstos no carecen de intereses políticos e ideológicos.

Nunca habría que olvidar que más de la mitad de la cocaína que transita por México rumbo a Estados Unidos, Europa o Asia y buena parte de la heroína, tiene como proveedores a narcotraficantes colombianos asociados con las narco-terroristas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Las FARC obtienen ganancias de cuando menos mil millones de dólares al año.

Las FARC han sido proveedoras de drogas lo mismo para la organización de los hermanos Arellano Félix que para el Cártel del Golfo. Los primeros han pagado muchos cargamentos de droga con armas de alto poder y explosivos.

¿No es acaso cuando menos posible que el principal proveedor de drogas de los narcotraficantes mexicanos les pueda pedir a estos últimos que las ejecuciones se hagan con tal o cual modalidad?

Pero ¿por qué las FARC estarían interesadas en causar problemas políticos en México? Porque las FARC creen en el “internacionalismo proletario”, en la idea de la revolución comunista mundial. Pero hay razones más pragmáticas también: si se abren más frentes de conflicto en el continente, más fácil será derrotar al Plan Colombia mediante el cual Estados Unidos apoya al país sudamericano para sofocar tanto a la guerrilla como al narcotráfico.

Además las FARC tampoco están solas. Cuando el “canciller” del grupo terrorista, Rodrigo Granda fue secuestrado en diciembre de 2004 en Venezuela y luego llevado a Colombia para ser juzgado, ya resultó inocultable que Hugo Chávez y sus secuaces brindaban el más completo apoyo a las FARC.

Pero no solo eso, en los últimos tres años el gobierno venezolano se ha probado como el mayor protector del narcotráfico en el continente y el mundo entero. El gobierno colombiano ha ido cerrando todas las rutas de extracción de droga (Perú, Ecuador , Brasil), menos una: Venezuela.

Hasta hace poco todavía la frontera con Brasil era una puerta abierta, pero el ejército colombiano la ha ido cerrando. Para el grupo mafioso brasileño Primer Comando Central (que controla todas las prisiones del país) se ha ido complicando el hacer negocios con las FARC y sus asociados narcos en la frontera, pero la alternativa ha sido Venezuela.

Las drogas producidas en Colombia están encontrando salida a todo el mundo a partir de Venezuela. La Procuraduría General de la República de México ha dado cuenta que un número creciente de cargamentos provienen precisamente del país sudamericano.

Un cable de la agencia EFE fechado 22 de marzo de 2007, dice:

“El colombiano Luis Hernando Gómez Bustamante, uno de los jefes del cartel de drogas del Norte del Valle, afirmó en una entrevista publicada hoy que Venezuela se convirtió en ‘templo’ del narcotráfico y que los nuevos jefes internacionales de ese negocio son mexicanos.

"Venezuela es el templo del narcotráfico. Hay una conjunción de venezolanos, colombianos, brasileños. Es muy fácil traficar porque allá no persiguen a nadie’ manifestó Gómez, alias ‘Rasguño’, al diario bogotano ‘El Tiempo’".

¿Es acaso impensable que Chávez les pida a los narcotraficantes que protege que pongan unos granos de arena para desgastar y desestabilizar al gobierno de México? Por supuesto que no.

Pocas cosas harían tan feliz a Chávez como ver caer a este gobierno o ver a nuestro Presidente asesinado por “narcotraficantes”. Para el megalómano sería una nueva oportunidad para que sus amigos tomaran el poder en México.

Por tanto, lo mínimo que habría que esperar del gobierno mexicano es que pusiera todo su empeño en tres acciones:

-       Poner especial atención a la investigación y captura de los sicarios que están subiendo videos de ejecuciones a Internet y establecer quienes y por qué les ordenó proceder así.

-       Apresurar la indagación sobre los presuntos nexos del ex Subsecretario de Seguridad Pública del Distrito Federal, Gabriel Regino con el Cártel del Norte del Valle (asociado a las FARC) y la eventual implicación en estos vínculos de los señores Marcelo Ebrard y Andrés López.

-       Completar la investigación sobre la operación de entrega de armas al Ejército Popular Revolucionario de México y en la que estarían implicados los gobiernos de Cuba y Venezuela, así como funcionarios del gobierno del Distrito Federal.