Primero marihuana, luego cocaína, trata, secuestro y extorsión

El pasado miércoles la primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación concedió el primer amparo federal a cuatro personas para el autoconsumo recreativo de la marihuana.

La posible legalización de la marihuana es un debate incipiente en la sociedad mexicana, donde han existido principalmente tres posiciones: Unos han adoptado una posición en contra de esta medida por considerar que autorizando su consumo fomentará su demanda y la perdición de muchos jóvenes que se engancharán con las drogas usando como puerta de entrada la marihuana.

Cuatro datos son importantes para este análisis: uno, el problema de adicción es de salud pública, y las adicciones no son sólo a las drogas, hay adictos a los juegos de azar y al sexo, entre otros.

Una segunda consideración es que la adicción a las drogas ha ido aumentando en este país de manera exponencial en los últimos años y el consumo ha tendido hacía drogas químicas más fuertes y dañinas, como los es el crack y las metanfetaminas.

Otro dato es que el consumo de drogas no sólo ha aumentado, sino que está tendiendo a iniciarse a edades más tempranas. Urge un sistema de información en el tema de drogas y adicciones en quinto y sexto de primaria para prevenir el riesgo de que nuestros jóvenes se enganchen, donde están siendo acosados por los “puchadores”.

Una última consideración en esta visión es que un joven que cae en la farmacodependencia tarda no menos de ocho años en buscar ayuda para iniciar un proceso de recuperación. Ocho años de consumir drogas tan agresivas y dañinas puede producir daños cerebrales irreversibles.

La otra posición adoptada por una mayoría de quienes están a favor de esta medida de legalizar el consumo de la marihuana es señalar que con esta política se afectarán las ganancias de las mafias mexicanas y se reducirá la violencia que deriva de las guerras entre carteles por territorio. Entre los exponente visibles de esta idea está el ex presidente Vicente Fox, y otros.

Pero en mi opinión y la de muchos estudiosos del tema, estas premisas planteadas por Fox son falsas. Esta aseveración da origen a una tercera postura sobre el tema.

El crimen organizado son organizaciones que se definen por su actitud frente al Estado, no sólo por los productos y actividades que manejan. Son redes delictivas internacionales e interconectadas y sus ingresos provienen de una gran cantidad de actividades, muy diversificadas, legales e ilegales.

Estas mafias se disputan con el Estado por el control de territorios, por el ejercicio del poder, por el uso de las armas y la violencia, y por el cobro de impuestos. Así, los ingresos de estas organizaciones criminales provienen del tráfico de drogas (marihuana, heroína, cocaína, metanfetaminas y otras lícitas e ilícitas); trata de personas con fines laborales o sexuales, lo cual incluye mujeres y niños; tráfico de migrantes; comercio y contrabando de armas y de otras mercancías, así como la falsificación y piratería; la extorsión, el secuestro, y la venta de “protección”; la usura y los mafiocréditos a personas y empresas; el juego legal e ilegal; la corrupción en la asignación de contratos, concesiones y presupuestos públicos; lavado de dinero, así como los modernos delitos cibernéticos, entre otros.

Si entramos en la lógica de Fox eso nos llevaría a buscar legalizar primero la marihuana, luego la cocaína, la trata de personas, continuar con el secuestro y la extorsión, y así en un camino interminable e inadmisible de etcéteras.

México necesita “combatir urgentemente al crimen organizado estatal (llámese corrupción organizada) para tener seguidamente alguna posibilidad contra el crimen organizado no estatal, y eso suponiendo que ambos no sean ya una misma cosa”, nos concluyen Carlos Castresana y Edgardo Buscaglia en el libro Lavado de Dinero y Corrupción Política.