La complejidad en la regulación de la marihuana

Se escucha una opinión mayoritaria a favor de la legalización de la marihuana. El tema es controversial y exige analizar muchos puntos, ya que parece un hecho irreversible que en nuestra región geográfica la liberalización en el consumo de la marihuana continuará.

Por ello fue muy oportuno y puede resultar de gran utilidad el Foro Internacional organizado hace unos días por el diputado Fernando Belaunzarán, en el que participaron múltiples representantes de la sociedad.

Algunos asumieron una posición muy subjetiva, sin la evidencia adecuada, muchos otros, respaldaron con solidez sus argumentos; todos coincidieron en que un adicto o simplemente un usuario de marihuana no debe ser penalizado y cuando lo requiera debe recibir atención médica. Se subrayó el altísimo costo, individual y social, de criminalizarlos. No hubo la misma coincidencia en otros aspectos: como los efectos negativos a la salud, usos médicos y la potencial investigación; así como el grado de regulación, desde el cultivo hasta el consumo.

La interpretación de la información científica y experiencias internacionales estuvo matizada con el inevitable componente de ideologías, estigmas, pasiones y la fuerza de la inercia. La libertad, para algunos, está por encima de todo. Otros, abiertos a un cambio, entienden la complejidad y necesidad de estudiar los detalles. Muchos han adoptado las experiencias de otros países como Holanda y Portugal y los experimentos aun en curso en Estados Unidos y Uruguay como modelos a seguir, sin tomar en cuenta las diferencias entre ellos.

Muchos no parecen estar enterados de que en Europa, incluyendo esos 2 países, la marihuana no es legal. Únicamente en algunos países tradicionalmente represores se arresta a causa del consumo. En Uruguay no se busca lucrar con la venta y la recomendación para usos médicos es a través de vaporizadores; mientras que en Colorado y Washington ya existen crecientes beneficios económicos. Esto último hace difícil sostener que no aumentará el consumo; desconocemos cuál será la magnitud y el potencial incremento en los daños, porque la información es limitada.

Pero como sostienen los países que han liberado su uso, previamente es indispensable una estrategia e infraestructura para atender los problemas de salud que se pueden derivar; por un lado, del 9% de adictos, afortunadamente menor que el de otras drogas, y adicionalmente, dentro de los usuarios calificados como no problemáticos, otro porcentaje semejante que también pueden presentar problemas.

Por ejemplo, la marihuana podría tener más consecuencias en la conducción de un vehículo que el alcohol. Sin decir que la marihuana es tan dañina como el tabaco, la historia de este último ofrece una lección muy valiosa. Desde hace siglos se habían identificado efectos tóxicos, pero nadie imaginaba hace más de 100 años cuando se inició la masificación del consumo cuáles serían sus consecuencias.

Se consideró que sobre la liberación real del usuario de la carga delincuencial ya se debe actuar, así como sobre las medidas razonables para que la cantidad de posesión permitida reduzca las posibilidades de extorsión policíaca.

El análisis de otros cambios es más complicado, debiendo entender que la complejidad en la regulación de otros eslabones de la cadena nos explica por qué países como Holanda han tenido legítimas razones para no legalizar su producción; lo que no signifique una doble moral o una concesión al tráfico ilegal. Estos aspectos se podrían seguir analizando en foros futuros, buscando el mayor beneficio para la sociedad y no privilegiar la posición de unos u otros.