Periodismo ciudadano cubre guerra del narco en México

La gran interrogante filosófica en esta ciudad fronteriza es: ¿realmente ocurren tiroteos si los periódicos no publican nada el respecto , las estaciones de radio y televisión no transmiten nada y las autoridades nunca confirmen que sucedieron?

Mientras dos poderosos grupos del crimen organizado libraban un encarnizado combate urbano en Reynosa en semanas recientes, la realidad que muchos residentes vivían y la que describían los medios noticiosos cada vez más tímidos y los políticos conscientes de la imagen eran difíciles de conciliar.

"Uno empieza a preguntarse cuál es la verdad", dijo Eunice Peña, profesora de comunicaciones y frustrada y temerosa residente de Reynosa. "¿Es lo que uno vio o lo que dicen los medios y las autoridades? Hasta te preguntas si no te lo habrás imaginado".

Los enojados residentes que fueron testigos de la masacre comenzaron a llenar el vacío de información, al subir a la internet fotos y videos rudimentarios tomados con teléfonos celulares.

"Las imágenes no mienten", dijo un periodista en McAllen, Texas, quien monitorea en línea lo que sucede al sur de la frontera, pero que ha dejado de aventurarse a ir allí. "Puedes oír los disparos y puedes ver los cuerpos. Sabes que el asunto es grave".

La ofensiva contra las drogas del Gobierno mexicano, que emplea a decenas de miles de soldados, marinos y policías federales, ha desatado niveles de violencia cada vez mayores en los últimos tres años, al tiempo que los narcotraficantes pelean por proteger sus lucrativas rutas de contrabando. El 13 de marzo, hombres armados, que se presume están vinculados con narcos, mataron a una empleada embarazada del Consulado y a su marido en la fronteriza Ciudad Juárez, población atormentada por la violencia. Los pistoleros también asesinaron al esposo de otra empleada consular e hirieron a sus dos pequeños hijos.

Desde hace mucho tiempo, los periodistas también se han contado entre las víctimas, pero los actuales ataques contra miembros de los medios informativos en Reynosa y otras ciudades de la franja fronteriza, desde Nuevo Laredo hasta Matamoros, están en su peor momento.

Los narcos han ido tras los periodistas con violencia en estas estratégicas ciudades fronterizas donde las drogas son contrabandeadas por toneladas. Han tiroteado salas de redacción, secuestrado y asesinado a miembros del personal y visitado regularmente organizaciones noticiosas con amenazas para nada disfrazadas.

Ya párenle, dijeron los matones. No se atrevan a publicar nuestros nombres. Los mataremos la próxima vez que publiquen una foto como ésa.

"Hablan en serio", dijo uno de los muchos periodistas aterrorizados que solían cubrir el tema de seguridad pública en Reynosa. "Yo mismo me censuro, no hay otra forma de expresarlo, pero lo mismo hacen todos los demás".

Cuando no están lanzando amenazas, dicen los periodistas, los contrabandistas de drogas están sobornando a reporteros con dinero y prostitutas. Los narcos no siempre se muestran tan huraños con la prensa. Cuando colocan mantas en puentes exponiendo su retorcida visión del mundo o cometen algún crimen particularmente sangriento, con frecuencia buscan la cobertura de los medios.

Ya no es así.

La actual censura noticiosa a lo largo de la frontera sólo ha exagerado los temores, al tiempo que falsos rumores de inminentes tiroteos circulan sin control, lo que provoca que muchos padres saquen a sus hijos de la escuela y los negocios cierren.

Significa que una madre puede acurrucarse en el piso de un clóset con su hija durante lo que parece una eternidad mientras se desata un intenso fuego cruzado afuera de su casa, como ocurrió recientemente, y luego no encontrar una sola palabra al respecto en el periódico al día siguiente.

Y significa que helicópteros pueden sobrevolar insistentemente, vehículos militares pueden pasar zumbando por las calles y todo el vecindario puede sonar como una película de guerra, y la televisión puede iniciar la transmisión del día siguiente reportando algo más.

La prensa texana dio a conocer la noticia de que la Agencia Anti Drogas (DEA) data el recrudecimiento de la violencia en Reynosa al 18 de enero, cuando un miembro del Cártel del Golfo mató a un lugarteniente de la banda rival de los Zetas, llamado Víctor Mendoza.

Los Zetas, banda fundada por ex miembros de las fuerzas especiales mexicanas y conocida tanto por su organización como por su brutalidad, exigieron al asesino. El Cártel del Golfo, que alguna vez utilizó a los Zetas como sicarios, pero que ahora jura eliminarlos, se rehusó.

En las semanas siguientes, se desataron intensos tiroteos a lo largo de grandes tramos de la frontera, y los reporteros locales guardaron silencio.

La violencia y lo que ésta ha hecho a los periodistas se ha convertido, por necesidad, en parte integral de las clases de periodismo en la frontera.

En una universidad, en Reynosa, los profesores de comunicación hablan sobre la importancia de mantenerse neutrales y cómo puede resultar fatal tomar partido. Hasta que cambie el clima en la frontera, también guían a sus estudiantes hacia empleos que cubran política, cultura y deportes. Todo menos el crimen.