Más allá de Cassez

El 13 de marzo de 2012, MURAL publicó mi artículo "Cassez: del linchamiento a la justicia", en el cual afirmé: "Los linchamientos no son actos de justicia, sino de barbarie (...) A los energúmenos que integran la turba no les importa la verdad (...) para ellos no se trata de quién la hizo, sino de quién la pague".

Y añadí: "Para impedir la injusticia inherente a los linchamientos es que se desarrolló el sistema de justicia. Entonces, a éste no se le puede pervertir de manera más extrema que cuando se le somete a la lógica del linchamiento".

Y eso fue el injusto encarcelamiento de Florence Cassez, un linchamiento en el que los medios de comunicación fueron utilizados para realizar un juicio sumario y el sistema de justicia para convalidar la injusticia y la barbarie.

Esa misma visión del caso es en esencia (aunque sin usar el término linchamiento) la que inspiró la resolución que otorgó el amparo a la ciudadana francesa y en la cual se afirma:

"Florence Cassez fue expuesta repetidamente y en profundidad a un espectáculo que resulta inadmisible en un sistema democrático de derechos y libertades. Nadie que hubiese visto la televisión ese día y durante los meses siguientes, podría negar que tal espectáculo fue, para los miles y miles de ciudadanos que lo vieron y oyeron, el auténtico juicio de Cassez. Cualquier proceso judicial realizado después, en la que víctimas y testigos fueron expuestos tan a fondo a este montaje, no podría ser más que una mera formalidad".

Pero aunque llegó la justicia -en forma tan tardía- para Florence, el linchamiento mediático continúa. Los linchadores, ya sin el poder que tenía hasta el 30 de noviembre de 2012, tratan de seguir sosteniendo la mentira que sirvió para encarcelar durante siete años a una persona inocente, torciendo las claras palabras de la resolución para hacer creer que se liberó a un secuestradora por meros tecnicismos, pese a que su culpabilidad quedó acreditada.

Si Florence Cassez está libre por la misma razón que la inmensa mayoría de las personas estemos en libertad: porque somos inocentes mientras no se demuestre nuestra culpabilidad en un juicio.

Y la culpabilidad de Florence jamás se probó, por supuesto. Si la Agencia Federal de Investigación, comandada por Genaro García Luna, tenía evidencias contra Cassez, ¿por qué entonces montó un falso operativo donde ella supuestamente fue detenida en flagrancia? ¡Porque no tenía evidencias!, pero mediante el montaje no sólo podría hacer que fuera acusada, sino garantizar su condena.

Pero cuando este montaje cayó, dos meses después, se fabricó nueva evidencia, mediante el falso testimonio de algunas de las víctimas. ¿Por qué? ¡Porque seguía sin haber evidencia verdadera!

Lo que ahora nos toca es acabar con el linchamiento y su maquinaria que siguen ahí, y hay dos razones para ello, una de orden particular y otra de orden general. La particular es que Genaro García y sus cómplices cometieron graves delitos, que no pueden quedar impunes. De oficio la Procuraduría General de la República debe proceder a investigarlos y a acusarlos, por este caso y otros más, que no son pocos.

Yo no sé si todas las autoridades jurisdiccionales que fallaron para convalidar el linchamiento incurrieron en prevaricación, es decir, en emitir resoluciones a sabiendas que eran injustas. Lo que sí sé es que resulta inaceptable que esas personas continúen en el Poder Judicial. ¿Son duras estas palabras? No más duras que las que dedicó a sus decisiones la resolución que otorgó el amparo a Florence.

La razón de orden general para poner fin a los linchamientos mediáticos es lograr que nuestro sistema de justicia finalmente merezca el nombre, para que ni haya impunidad ni se dé el doble agravio de inculpar y castigar a inocentes, pues así se atropella a estos y a las víctimas del delito. Y para ello hay que actuar en donde los linchamientos se inician: en la Policía y en el Ministerio Público.

En tal sentido, por parte del nuevo gobierno hay indicios alentadores de corrección, que más nos vale se lleven hasta sus últimas consecuencias: nos va la salud de la República en ello.