¿Para qué quieren traer a Chávez?

Es obvio que ni Felipe Calderón ni Enrique Peña Nieto quieren traer a Hugo Chávez a México, en diciembre de este año, para que comparezca ante la Procuraduría General de la República y explique la implicación de su gobierno en el tráfico de armas, en favor del grupo terrorista mexicano Ejército Popular Revolucionario.

El itinerario proyectado para Chávez no va incluir una parada por las oficinas de la PGR. Eso no cabe en la recepción propia de un héroe que la clase política mexicana desea brindarle al teniente coronel, quien en 1992 intentó tomar el poder mediante un golpe de Estado. El itinerario incluirá seguramente la asistencia a la toma de posesión de Enrique Peña, una marcha triunfal por las calles de la ciudad de México y su presencia en una sesión solemne del Congreso de la Unión.

Esto último podría tener sentido. Nuestros representantes populares podrían dejar a un lado el protocolo y el servilismo y hacer a Chávez unas cuantas preguntas incómodas, como estas: ¿por qué su Plan de Desarrollo Económico 2007-2013 incluye una directriz para intervenir en los asuntos políticos internos de México que sólo nos corresponden a los mexicanos?; ¿por qué su gobierno participó en el tráfico de armas en favor de un grupo terrorista que busca derrocar al Estado mexicano?; ¿por qué le roba sus empresas a los empresarios mexicanos que fueron a invertir de buena fe en su país?; ¿por qué insulta a los gobernantes que los mexicanos hemos electo tachándolos de "cachorros del imperio"?; ¿por qué da usted refugio a Lucía Morett, la mexicana de las FARC contra quien existe una orden internacional de captura de la Interpol?

Y la oportunidad da para hacer otras preguntas sobre asuntos de interés para México, porque tienen que ver con la paz mundial y los derechos humanos: ¿por qué patrocina a las FARC?; ¿por qué apoya el programa nuclear de Irán que amenaza con una nueva guerra en Medio Oriente?; ¿por qué apoya a la dictadura castrista que sigue oprimiendo a los cubanos?; ¿por qué persigue a los medios de comunicación de su país que no le son incondicionales?

Ningún legislador o político profesional hará estas preguntas a Chávez. De modo que la pregunta sigue en pie: ¿para qué quieren traerlo a México?