Las armas no matan; los desarmes, sí

En Venezuela el gobierno y la oposición aparentan ser antagónicos, pero, ante la violencia, coinciden en la misma receta nefasta: desarmar a los civiles (no a los delincuentes).

La concepción compartida sobre las causas del disparo de la violencia bajo el gobierno de Hugo Chávez, no puede ser más absurda: el crecimiento del homicidio es porque hay civiles armados. Los anti-chavistas pro-desarme no son capaces de hacerse las más elementales preguntas: ¿qué acaso antes de Chávez y cuando la tasa de homicidio era mucho menor, no había también ciudadanos venezolanos que ejercían su derecho humano a estar armados?, ¿acaso bajo Chávez se produjo un súbito furor de los venezolanos por armarse y matarse entre sí?

Lo que los anti-chavistas pro-desarme no entienden es que las armas no matan, sino quienes deciden matar y que la mera posesión de un arma no hace del poseedor un asesino. En Suiza, Estados Unidos o Israel hay proporcionalmente muchas más personas armadas que en Venezuela, pero sus tasas de homicidio son mucho menores.

Uno de los principios de la comisión de desarme del gobierno chavista reza: “Ratificamos la importancia de que la población no esté armada y el Estado mantenga el monopolio exclusivo e indelegable del uso legítimo de la fuerza en pro de garantizar los derechos humanos de toda la población”.

Y la suposición implícita en esta declaración, de que los gobernados no deben estar amados porque el Estado puede protegerlos en todo momento, es falsa. Precisamente uno de los fundamentos del derecho a las armas es que ni el Estado más eficaz puede garantizar eso.

Pero el control de las armas no se trata de los homicidios, sino del control. Chávez y secuaces están eufóricos porque sus opositores se hayan convertido inadvertidamente en peones de su proyecto totalitario. Los chavistas ahora sí podrán desarmar a la población y eliminar toda posibilidad de resistencia a hacer de Venezuela una prisión. Esa es la lección de los comunistas y de los nazis: desarmar primero a la población para luego masacrarla.

Las causas del aumento de la violencia lo mismo en Venezuela, en México o en China son las mismas: la impunidad, la incapacidad de los gobernantes ante los criminales, no las armas.