¿De veras necesitamos a la ONU?

La Organización de Naciones Unidas es el caso más extremo y extraño de sobrevaloración de una institución, porque es fácil demostrar que no ha traído beneficio alguno a la humanidad, sino por el contrario una serie de perjuicios.

Esta organización que agrupa a casi todos los Estados del mundo fue creada tras la segunda guerra mundial con el propósito explícito de evitar las guerras y lograr la mayor convivencia pacífica posible entre naciones que fuera posible.

Pero si repasamos la historia mundial desde la postguerra es fácil ver que la ONU ha fracasado rotundamente en su propósito explícito: no impidió ni detuvo ningún conflicto bélico importante. Los conflictos llegaron a su fin no gracias a la ONU, sino pese a ella, debido a que uno de los contendientes se impuso, las partes llegaron a un acuerdo o de modo implícito aceptaron poner fin a las hostilidades al quedar exhaustas por el esfuerzo bélico.

La ausencia de un conflicto como el de la segunda guerra mundial nada le debe a la ONU sino al fin de la guerra fría (gracias al colapso de la Unión Soviética), la globalización y la propagación de la economía de mercado. Entregadas porciones crecientes de la humanidad a producir bienes y servicios y venderlos por doquier, los impulsos bélicos tienden a menguar.

A la ONU se le fueron agregando otras misiones, entre ellas la de promover los derechos humanos. Y en este punto el fracaso no ha sido menos estrepitoso. La ONU fue absolutamente incapaz de impedir que el gobierno de China matara a más de 60 millones de sus gobernados, ni los otros genocidios comunistas en Camboya, Corea del Norte, Afganistán y Etiopía. Tampoco pudo impedir el gran genocidio de Ruanda con el cual se cerró el siglo más sanguinario en la historia de la humanidad.

Pero ¿quién puede tomarse en serio que la ONU promueve y defiende los derechos humanos cuando quien preside el Consejo de Derechos Humanos de Naciones es Faisal bin Hassan Trad (foto), miembro de la monarquía de Arabia Saudita, el régimen más represivo y violador de derechos humanos del mundo, sólo superado por el de la comunista Corea del Norte?

Pero la ONU lejos de promover y proteger los derechos humanos hace todo lo contrario y en México ya estamos padeciendo los terribles efectos de su injerencia. El 16 de junio de 2009 en Playas de Rosarito, Baja California el ejército allanó una casa de seguridad y detuvo a cuatro integrantes de un grupo criminal quienes tenían secuestrado a un hombre a quien ya le había cercenado un dedo. Les aseguraron además un arsenal. Eran responsables de numerosos secuestros y asesinatos.

Pero los criminales, con el apoyo de la Comisión Mexicana para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos AC, alegaron tortura y llevaron su queja al Comité Contra la Tortura de Naciones Unidas. Éste, en agosto de 2015, falló en favor de los criminales y le ordenó al gobierno mexicano su inmediata liberación e indemnización.

Vamos a suponer que los criminales de veras fueron torturados (cosa que no se demostró). En tal caso sus declaraciones no podría ser utilizadas en un juicio y los responsables del delito de tortura deberían ser castigados conforme a la ley.

Pero bajo ninguna circunstancia podía dejarse libres a estos criminales, pues fueron detenidos en flagrante delito, en una casa de seguridad donde tenían retenido desde tres semanas atrás a un secuestrado, a quien habían mutilado. Ahora estos criminales están libres y hasta fueron indemnizados, mientras que su víctima se esconde, con el fundado temor de ser objeto de represalias de sus victimarios.

Pero no se crea que este será el único caso en el que el Comité Contra la Tortura de Naciones Unidas fallará en favor de los criminales y en contra de las víctimas y la justicia. De modo que cabe preguntarse: ¿qué gana México con ser miembro de la ONU? Nada, excepto empeorar los problemas que ya padece.

Suiza, uno de los países más civilizados, prósperos y felices del mundo se mantuvo al margen de la ONU hasta 2002. De nada bueno se privaron los suizos hasta entonces y nada bueno han obtenido de su pertenencia a la ONU desde ese año.

No temamos entonces mandar al diablo a la sarta de hipócritas, entrometidos y protectores de criminales de Naciones Unidas.