En Colombia: Ya se quedaron sin desaparecidos

Ya no saben qué inventarse. Los autores de la farsa de los “desaparecidos” del Palacio de Justicia montan complicadísimas tramoyas para ocultar lo inocultable: Que el CTI de la Fiscalía ocultó intencionalmente los restos de los cuerpos de 27 personas que exhumaron en la gran fosa común donde se enterraron los cadáveres de las personas que no fueron reclamadas, y entre las que estaban los llamados “desaparecidos del Palacio de Justicia”.

La verdad monda y lironda es que cuando exhumaron los cadáveres, tal y como lo narramos hace más de 5 años (1):

“En una entrevista concedida a Periodismo Sin Fronteras y La Hora de la Verdad, que dirige el Dr. Fernando Londoño Hoyos, el antropólogo José Vicente Rodríguez Cuenca aseguró que en el año 2000 la Fiscalía de Gómez Méndez exhumó 91 cadáveres y le entregó a él 64 restos óseos con el encargo de identificar los cuerpos de los guerrilleros muertos en el macabro asalto al Palacio de Justicia. Y la Fiscalía se quedó con 27 restos correspondientes a los “desaparecidos” del Palacio de Justicia. 27 restos que aún guardan escondidos en algún rincón del CTI sin que tengan interés alguno en identificarlos.

“Increíble, pero es así como lo leen: A José Vicente Rodríguez le entregan 64 cuerpos entre los cuales están los restos de los guerrilleros del M.19, y le encargan la labor “humanitaria” de ayudar a identificarlos, y por otro lado, ocultan 27 esqueletos a sabiendas de que allí están los 11 supuestos desaparecidos por los cuales el coronel Alfonso Plazas Vega está condenado a 30 años de cárcel, es decir, a cadena perpetua.

“¿Cómo sabía la Fiscalía que esos 27 restos pertenecían a los desaparecidos del Palacio de Justicia..?

“Sencillamente porque eran los restos que quedaron incinerados, y que pertenecen a quienes murieron en el cuarto piso del Palacio. Quedaron incinerados, así que como en esa época no existía la tecnología de ADN para identificarlos y entregarlos a los familiares, fueron envueltos en bolsas especiales y marcados explícitamente como “NN Palacio de Justicia”.

Luego, abrieron una fosa en el cementerio del Sur y los depositaron allí. Entre esos 27 restos están los siete empleados de la cafetería y tres visitantes que se encuentran “desaparecidos”; por supuesto, allí también deben estar restos de algunos guerrilleros, como los de Cristina Guarín Cortés, que siempre ha pasado por empleada de la cafetería.”

A uno de esos 27 restos se le hizo la prueba de ADN y ¡Bingo! Resultó ser de una de las “desaparecidas”: Ana Rosa Castiblanco, cuyo cadáver fue entregado hace años a sus familiares pero ellos, haciéndose los de la oreja mocha, siguen marchando y sigue reclamando su respectiva indemnización bajo la dirección tramposa del Colectivo de abogados Alvear Restrepo, famoso por falsificar víctimas como las del caso Mapiripán.

Están desesperados los terroristas indultados del M-19 –lo conocidos y los agazapados que pasaron a formar parte de nuestros órganos de justicia. Se les acaba el tiempo para esconder todas las horrendas jugadas que han hecho para condenar a militares inocentes.

La revista Semana, célebre cómplice de los bandidos, especialmente en este tema, también debe andar pagando testigos e historias falsas. En ese medio saben que la denuncia que les corre pierna arriba, por toda la cadena de injurias en contra de Plazas Vega, por todos los montajes mediáticos que levantaron, será descomunal cuando el Coronel Plazas salga libre, como debe ser.

El mamotreto que publicó hoy la Revista Semana muestra su nivel de desespero. Ya se quedaron sin desaparecidos. Y, como aparecieron, van a tener que pegarse de la teoría de que los militares los enterraron en los cementerios donde se dice que aparecieron. (2)

Acá la Fiscalía va a tener que explicar muchas cosas. Lo primero es que deben decirnos dónde están esos 26 cadáveres quemados, envueltos en bolsas plásticas y marcados como “NN palacio de Justicia”.

Deben decirnos también cómo llegaron a los cementerios a “encontrar” los restos de estos “desaparecidos”. Los cementerios deberán explicar, con la documentación del caso, cuándo fueron enterrados allí, y quién lo hizo. Si es cierto que fue el exagente de Inteligencia del Ejército, Bernardo Garzón Garzón, quien supuestamente dio las coordenadas de donde estaban ocultos los restos, él debe explicar las circunstancias de tiempo, modo y lugar en las cuales los cuerpos fueron a dar allá, cómo se enteró de eso y qué personas están involucradas allí. Con toda seguridad, si Semana tuviera pruebas concretas las habría publicado evitándose así un “informe” como el que publicaron, tan evidentemente infundado.

Porque esa historia que cuenta Semana nos parece más otro de sus montajes para proteger a los falsificadores de víctimas y dejar condenados al General Jesús Armando Arias Cabrales y el Coronel Alfonso Plazas Vega.

Porque a nosotros, hace cerca de dos años, nos dijeron que en el CTI estaban como locos buscando dónde enterrar esos 26 cuerpos debido a que ya era imposible ocultarlos (gracias a nuestra publicación).

La gente de Semana, del CTI, los bandidos del M-19 y sus colectivos de abogados están en medio de arenas movedizas. Cada vez que intentan salirse de la porquería que ellos mismos montaron, se hunden más y más en la ignominia de sus calumnias.

¡Digan la verdad de una vez! ¡No mientan más!