México fantástico: sin impunidad y con una policía excelente

El 16 de febrero de 2012 inició el curso de Rap y grafiti para jóvenes de colonias marginadas de Acapulco. Esta fue una de las actividades en las que en ese año se gastaron alrededor de 12 millones de pesos en “prevención social del delito”. El resultado de este gasto es que en 2012 Acapulco fue la segunda ciudad más violenta del mundo y el municipio más violento del país.

Pero en 2013 para el mismo tipo de actividades, fueron presupuestados casi 100 millones de pesos. Y los resultados están a la vista: Acapulco sigue siendo el municipio más violento del país.

En el mismo programa, pero para todo el país, se presupuestaron 395 millones de pesos en 2011; 853 millones en 2012 y ¡2,500 millones en 2013!

Pero según el primer informe de gobierno del Presidente Peña, en realidad se estaría gastando mucho más dinero en prevención social del delito: “se invierten más de 118 mil millones de pesos de manera transversal, para fortalecer la cohesión social y comunitaria”.

En efecto, si -de acuerdo con el dogma que domina a este gobierno y a la clase política- las causas de la criminalidad son la pobreza y la falta de oportunidades y ello se combate con “políticas sociales”, hay que considerar que en los últimos 20 años el gasto público en ese rubro ha ido creciendo a hasta duplicar su magnitud, como porcentaje del PIB. Pero pese ello, en las dos últimas décadas en lugar de disminuir el delito y la violencia han crecido hasta alcanzar su mayores niveles en tiempos de paz.

Es evidente que la política de “prevención social del delito” ha fracasado rotundamente. Pero porfiar en ella no significa sólo arrojar al caño el dinero de los contribuyentes, sino permitir que ocurran muchos delitos, los cuales podrían haberse evitado si se actuara contra las verdaderas causas de la inseguridad: la impunidad y el que la permanencia en los cargos de policía y procuración de justicia no dependan de los resultados, que se premia la ineptitud y la corrupción.

Y eso, lo más importante, es lo que omite la política del actual gobierno, según se confirma con la lectura de su Decálogo en la materia y del primer informe presidencial. Esta omisión nos pinta un México que no existe: sin impunidad y con una policía excelente.