Impunidad y violencia

En el corazón de la criminalidad, dice Mark Kleiman, yace la impunidad. Cuando el crimen no es castigado, acaba siendo recurrente. Por otra parte, si el castigo es desproporcionado o, simplemente, no es creíble, su poder disuasivo es irrelevante, si no es que negativo.

Lo que se requiere, dice este especialista que tuvo una larga carrera en la procuración de justicia, es una estrategia inteligente fundamentada en la existencia de reglas muy claras para el comportamiento social, pero reglas que el Estado esté en posibilidad de hacer cumplir. En esto último reside la clave.

Aunque enfocado hacia el fenómeno criminal estadounidense*, los planteamientos conceptuales de Kleiman son tan válidos allá como aquí, además de que antes ya había enfocado sus baterías a nuestro caso**.

En esencia, su planteamiento es que tiene que aceptarse que el crimen es un problema real, que hay demasiados mitos y prejuicios en la forma en que el mundo político lo enfoca y que las soluciones, que yo resumiría con el título de "mano dura", no son susceptibles de resolverlo. Lo que se requiere es una estrategia integral. Lo que sigue son las partes medulares de su argumento:

  • La izquierda tiene que reconocer que la criminalidad no es un problema imaginario, exagerado por la derecha y que su origen no es la desigualdad o la injusticia social o que su combate se debe acotar a perseguir la corrupción de los políticos, los poderosos o los ricos.
  • Por su parte, la derecha tiene que aceptar que las víctimas y los autores materiales de un crimen con frecuencia son las mismas personas, que el contexto en que crecen y se desarrollan produce mucho de la criminalidad y que imponer castigos cada vez más severos no ataca la naturaleza del problema.
  • Se requiere una estrategia de combate a la criminalidad que emplee al castigo de manera inteligente, usándolo con moderación pero tanto como sea necesario.
  • Un mejor sistema policiaco y de procuración de justicia debe ser el corazón de una estrategia contra el crimen.
  • Cuando se emplean medios ilegales o ilegítimos en el combate al crimen se agudiza el problema, se deja en orfandad a la víctima, se abre la puerta para que se desprecie su sufrimiento y se manda el mensaje de que se vale no respetarla. Es decir, la impunidad debe ser combatida tanto como causa del crimen y como estrategia para combatirlo.
  • El castigo -el hecho y su forma- es importante porque ese es el principal mecanismo disuasivo del crimen, pero también porque evita que las víctimas respondan con una demanda de castigar a quien sea, independientemente de si se trata del verdadero criminal, a cualquier precio (vgr. Cassez).
  • La ausencia de respuesta por parte de la autoridad -la impunidad- genera su propia dinámica. La gente se encierra, abandona los espacios públicos y evita ir a zonas de alta criminalidad. Aunque explicables, todas estas actitudes y acciones tienen consecuencias: concentran las zonas de criminalidad, éstas se convierten en zonas caóticas donde desaparece el cálculo de riesgo como factor en la decisión de delinquir (esencialmente porque quien está en esa situación no tiene nada que perder) y crea o agudiza divisiones sociales que luego son casi imposibles de moderar. Quienes provienen de colonias o grupos de alta criminalidad y acaban en la cárcel no enfrentan estigma alguno de acabar ahí y, por lo tanto, el castigo se torna en un rito de iniciación: justo lo contrario de lo que busca.
  • La concepción económica del crimen (el potencial delincuente hace un cálculo sobre el riesgo de delinquir) reside en la construcción de incentivos que lo disuadan. Sin embargo, la evidencia sugiere que los delincuentes no son actores racionales en este sentido económico. La causa de fondo de la criminalidad es un mal cálculo por parte del delincuente y la solución tiene que ser una combinación de estrategias que mejoren su proceso de toma de decisiones a la vez que se desarrolla una amenaza creíble que efectivamente sirva como factor disuasivo. Esto no se logra con el sistema actual de penas severas o impunidad.
  • Para cumplir su cometido, el castigo tiene que ser certero e inmediato. Lo fundamental no es que sea severo sino que sea eficaz. Lo crucial es que el potencial delincuente tenga certeza de que va a recibir un castigo inmediato y sin misericordia, que la autoridad va a actuar y que no va a titubear.
  • La clave para que la autoridad pueda ser exitosa es que exista una policía eficaz y un poder judicial que cumpla su función. Hay un sinnúmero de experimentos exitosos en diversas ciudades (se refiere a EU) que ilustran distintas formas en que la policía puede ser eficaz y, en la mayoría de los casos, el éxito no reside en la agresividad sino en el uso inteligente de la fuerza y de la tecnología, además de la cercanía con la población.
  • La forma más efectiva de disminuir la criminalidad es estableciendo un pequeño conjunto de reglas que todo mundo conozca: que se entienda qué se vale y qué no se vale y que se sepa qué ocurrirá si éstas se violan. Las reglas deben venir acompañadas de un sistema de monitoreo eficaz y las sanciones a cualquier transgresión deben ser inmediatas y certeras.

El concepto de Kleiman es claro: no se puede permitir que la criminalidad y la violencia prosperen, pero para atacarlas es necesario construir una estrategia inteligente que parta del principio elemental de que la gente responde cuanto tiene claro el costo de delinquir.

Mi lectura de su planteamiento en cuanto a la potencial aplicación del concepto a México es la siguiente: ·El factor clave reside en la construcción de capacidad estatal, es decir, el desarrollo de sistemas policiacos y de un poder judicial competentes y susceptibles de controlar la criminalidad y mantener el orden.

  • Mientras se construye esa capacidad, se tiene que actuar con los recursos existentes en este momento.
  • El primer paso consistiría en establecer reglas: qué se vale y qué no se vale y qué castigo se impondrá ante una trasgresión. Las reglas y los castigos tienen que empatar la capacidad estatal existente en este momento, es decir, no se puede proponer una regla que no se pueda hacer cumplir. En la medida en que se fortalezca la capacidad estatal, las reglas se van apretando hasta, eventualmente, llegar al objetivo: mantener la paz a través de una amenaza creíble.
  • Desarrollar sistemas policiacos modernos que acerquen a la policía con la población y la relación se constituya en un factor disuasivo.

No hay recetas mágicas, pero la condición sine qua non es la de comenzar a actuar. El problema no desaparece por dejarse de mencionar.

* Smart on Crime y ** Smarter Policies for Both Sides of the Border, Foreign Affairs, September/October 2011.