Ebrard, el candidato de Orwell

La Asamblea Legislativa del Distrito Federal discute una infame reforma iniciada por el Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, a la de por sí infame Ley de Extinción de Dominio capitalina.

La reforma pretende imponer a los arrendadores de inmuebles la obligación de vigilar a los inquilinos para que no usen los inmuebles alquilados para cometer delitos o, de lo contrario, serán despojados de su propiedad por el gobierno. La reforma pretende convertir a los ciudadanos en policías de otros ciudadanos, como ocurre bajo los regímenes totalitarios en los que la mitad de los habitantes de un país se dedica a espiar a la otra mitad.

Pero además, la obligación que el gobierno de Ebrard pretende imponer a los arrendadores es materialmente inviable, sino es que imposible, como sucede con muchas de las disposiciones policíacas de los regímenes totalitarios. Los arrendadores no pueden vigilar lo que hacen los arrendatarios dentro de los inmuebles alquilados, pues media una contrato gracias al cual los primeros pierden temporalmente la posesión. La única manera en que los arrendadores espíen a los inquilinos es cometiendo el delito de allanamiento de morada.

Pero aún en el caso de que este delito se legalizara, los arrendadores no podrían hacer la chamba de "madrinas" del Hermano Mayor, a no ser que pusieran cámaras de vigilancia dentro de los inmuebles, como las que describe la novela 1984, de George Orwell. Pero sin llegar a esos extremos, la aplicación de la reforma propuesta significaría una violación a los derechos fundamentales a la propiedad privada, la privacidad, la inviolabilidad del domicilio y la presunción de inocencia.

Este no es un desliz totalitario de Ebrard, sino parte de un patrón. Muchas de sus disposiciones y propuestas corresponden a su visión totalitaria en la que los individuos son privados de su individualidad, sometidos al colectivismo y convertidos en objetos propiedad del Estado.

Enrique Krauze sostiene que Ebrard es un izquierdista "moderno", cuyo nombre debió aparecer en las boletas electorales de 2012, pues según el escritor, era el "mejor candidato". Sin duda Ebrard hubiera sido o puede ser el mejor candidato, pero para materializar en México la pesadilla totalitaria de Orwell.