¿Hasta cuándo le harán justicia al héroe de Ayotzinapa?

Los policías que el 12 de diciembre de 2011 abrieron fuego contra estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa en el estado de Guerrero (cuando estos bloqueaban una carretera y trataban de prender fuego a una gasolinera) y dieron muerte a dos de ellos, ya están presos y serán condenados a muchos años de prisión.

Es cierto que los policías no debieron haber utilizado fuerza letal y menos en forma indiscriminada para someter a quienes violaban la ley.

Pero también es cierto que los policías no agredieron a personas que se manifestaban pacíficamente, sino a sujetos que para demandar adicionales prebendas cometían graves delitos como el ataque a las vías generales de comunicación o prender fuego a una gasolinera, con lo cual pusieron en riesgo la vida de muchas personas y dañaron propiedad ajena.

El punto es que mientras que se ha empezado a hacer justicia contra los servidores públicos de Guerrero que abusaron de su poder, no se ha detenido a quienes prendieron fuego a la estación de servicio, acto criminal que cobró la vida de Gonzalo Miguel Rivas Cámara, quien era empleado de la misma y recibió graves quemaduras al evitar que se produjera una gran explosión.

Los autores de ese acto criminal deliberado (se prepararon con bombas molotov y bidones con gasolina) están identificados y ubicados, pero la policía no los detiene porque los gobiernos federal y local se niegan.

Es decir, estamos otra vez ante la suicida política de apaciguamiento, la cual consiste, como decía Winston Churchill, en dar de comer a los cocodrilos con la vana esperanza de no ser devorados por ellos.

Y entonces sucede lo que siempre ocurre con el apaciguamiento: los cocodrilos no se apaciguan, sino que se tornan más desafiantes y exigentes. Entre el 13 y el 16 de marzo de 2011 estudiantes, ahora de la normal rural de Tiripetío, Michoacán, secuestraron 29 unidades de transporte público y retuvieron a los choferes como rehenes hasta que lograron poner de rodillas al nuevo gobernador.

Actos como ese se repetirán porque hay actores interesados en desatar la violencia (como los terroristas del ERPI infiltrados en las escuelas normales) y porque la impunidad sólo invita a quienes violan la ley a ir cada vez más lejos. No se trata ni abusar de la fuerza ni de tolerar a los violentos, sino aplicar la ley desde el primer momento en que se quebranta.