1810, 1910 ¿2010?

Desde hace un par de años ha venido creciendo el rumor de que grupos subversivos nacionales lanzarán en 2010 una campaña terrorista. El propósito final de la escalada de acciones armadas sería concitar grandes revueltas como las de 1810 y 1910.

Es por supuesto posible que los grupos armados clandestinos opten por esta táctica como parte de su estrategia de lucha armada para la toma del poder. La falta de indicios sobre la preparación de una escalada terrorista, no es suficiente para descalificar por completo aquella posibilidad. Antes del 1 de enero de 1994, nadie - salvo los directamente involucrados - sabía la real magnitud de lo que se le esperaba a Chiapas y al país.

La ausencia de acciones militares muy visibles (al estilo de los sabotajes contra PEMEX) desde hace poco más de dos años y el anuncio de la prolongación de la “tregua” por  parte del Ejército Popular Revolucionario (EPR), tampoco permiten considerar como imposible el que haya una inminente escalada terrorista. Después de todo, podríamos estar ante una “calma chicha”, que precede a una tormenta o frente a un engaño deliberado, para que el adversario baje la guardia.

Pero si la escalada terrorista inminente no es imposible, parece poco probable. Para algunos (como es el caso de Castañeda y Aguilar), los grupos terroristas en México no son sino pura simulación (mientras aquellos con los que ellos estuvieron relacionados sí eran de a de veras, of course!). Pero otros ya han caricaturizado a nuestros terroristas vernáculos (por ejemplo Emilio Chuayffet en 1996), para luego llevarse desagradables sorpresas.

Siempre hay razones para que los señores terroristas no estén haciendo lo que se espera de ellos. Por ejemplo, en los años ochenta y principios de los noventa, los integrantes de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) antecedente del EZLN, tenían una buena razón para no llamar la atención: preparaban la sublevación en Chiapas, que estalló en enero de 1994.

Igualmente, en los ochenta y principios de los noventa el Partido Revolucionario Obrero Clandestino Unión del Pueblo (el PROCUP, principal antecedente del EPR), tenía dos buenas razones para mantener un bajo perfil (lo que no le impidió cometer asesinatos y secuestros): primera, el cálculo de que si se hostigaba al gobierno mexicano éste terminaría alineado con Estados Unidos y sus aliados frente a la guerra civil en Centroamérica; segunda, porque este grupo pretendía seguir una estrategia de larga acumulación de fuerzas (“guerra popular prolongada”) en lugar de las estrategias “militaristas” seguidas por diversos grupos subversivos en los años setenta (las cuales supuestamente los habrían llevado a la derrota).

¿Por qué razón, hoy por hoy, los grupos armados mexicanos no están tan activos (en apariencia) como podría esperarse? No porque sean meros membretes (aunque la mayoría de ellos no son sino eso). La razón principal es porque estos grupos atienden las indicaciones de auto-contención de aquel que consideran el máximo líder actual del movimiento por imponer el comunismo en América Latina: Hugo Chávez.

Él no tiene objeciones de principios frente al terrorismo, sino que simplemente le parece más fácil y sencillo capturar y mantener el poder por la vía electoral (mediante una combinación de populismo, caudillismo, corrupción y seducción de políticos de toda laya). Ello no implica la renuncia definitiva al terrorismo, pues puede ser un recurso auxiliar si “por las buenas” no se consigue el poder. Tal ha sido el papel que al terrorismo Chávez ha dado lo mismo en Colombia, que en Perú o en México.

En 2006 México estuvo a punto de caer en la órbita chavista, pero la oportunidad se fue. La izquierda resultó muy desprestigiada por su conducta post-electoral y aunque no puede descartarse que pueda competir seriamente por el poder en el terreno electoral, no parece ser este su mejor momento. Por tanto Chávez ha venido apostado a lo mismo a que apostó en Honduras: a seducir a gobernantes (incluso mediante la oferta del elíxir de la eternización en el poder).

La seducción ha distado de ser secreta o sutil. Por lo menos dos mandaderos de Chávez (Rafael Correa y Cristina Kirchner) han intentado convencer a Felipe Calderón a que se convierta en chavista. Y los personeros algún éxito han tenido, pues frente a la destitución constitucional de Manuel Zelaya en Honduras, la mayor parte del tiempo la postura del gobierno de Calderón fue coincidente con la visión chavista del asunto.

Por eso es que parece tan poco probable que los grupos terroristas mexicanos escalen sus acciones, pues al parecer Chávez sigue confiando en otros métodos para obtener lo mismo que los terroristas mexicanos buscan. En cualquier caso, las principales amenazas contra la seguridad nacional de México parecen tener un mismo origen: el Palacio de Miraflores, en Caracas, Venezuela.