Ya dejen de justificar a los criminales

Alejandro Solalinde, a nombre de la sociedad mexicana, pidió perdón a Los Zetas y demás criminales que han asesinado a decenas de miles de personas, por supuestamente haber hecho de ellos lo que son.

Primero, Solalinde se arroga una representación que nadie le ha otorgado. Segundo, afrenta a las víctimas porque ni siquiera se conforma con igualarlas moralmente con sus victimarios, sino que las sitúa por debajo de ellos. Tercero, justifica a los criminales y los exonera y cuarto, promueve, de plano, la renuncia a toda noción moral, al negar su principio número uno: el libre albedrío y lo que se deriva del mismo, que los crímenes son elecciones morales individuales e intransferibles.

Solalinde responsabiliza de asesinatos y demás atrocidades no a quienes las cometen sino a las familias, escuelas, iglesias y gobiernos que supuestamente no les enseñaron a estos destructores de hombres a actuar de otra forma. Pero detener ahí la evasión de responsabilidades es pura arbitrariedad, pues en una sociedad democrática ¿acaso los pueblos no tienen los gobiernos que eligen?

Pero tampoco en los pueblos recaería – supuestamente- la culpa de elegir gobiernos “neoliberales” y la responsabilidad última de los crímenes, pues hasta Solalinde sabe que antes de Los Zetas hubo otros iguales que ellos y que el género humano no ha podido impedir el surgimiento de criminales (hasta la “paradisíaca” Noruega engendra monstruos). Vamos, en esta lógica el culpable último es Dios por haber creado a la humanidad como es…

Pues con la premisa de que Dios no merece sino desprecio, en el siglo XX surgieron regímenes que se propusieron modelar al hombre como supuestamente debe ser. Y esos regímenes –comunistas, nazis, similares y conexos- para hacer surgir al “hombre nuevo” asesinaron a 150 millones de integrantes de nuestra especie.

A eso es a lo que conduce el determinismo negador del libre albedrío de Marx, Freud y otros irracionalistas. Ante ello toda persona partidaria de la convivencia civilizada suscribe esta verdad: “La libertad hace al hombre responsable de sus actos en la medida en que éstos son voluntarios”. Eso, por cierto, figura en el Catecismo de la iglesia católica, cuya lectura no le haría mal a Solalinde.