Dime con quien marchas y te diré que quieres

Hecho número uno: En España ETA acaba de anunciar que dejará extorsionar a empresarios, práctica que mantuvo por 40 años. Como parte de esta actividad criminal los carniceros de ETA secuestraron y asesinaron a 40 empresarios españoles. Lo que ETA no anunció es si abandonaría también el narcotráfico, en el cual está implicada, según denunciaron –por separado- Roberto Saviano, autor de “Gomorra” y autoridades españolas.

Hecho dos: El 27 de marzo de 2010 el periódico Reforma reprodujo declaraciones de un ex dirigente del EZLN, quien denunció que ETA aportaba dinero al grupo mexicano. “Marcos” no se limita a cantar loas a los crímenes de ETA, sino que además recibe dinero manchado de sangre.

Hecho tres: No es sólo el dinero de ETA lo único que “Marcos” y sus secuaces tienen manchado de sangre. Tienen manchadas sus propias manos. No menos de 400 muertos fue el resultado de una aventura terrorista lanzada el 1 de enero de 1994 ¿Recuerda usted los indígenas llevados al matadero armados con “rifles” de palo? No se olvide quién dio la orden y la justificó: “es para que vayan acostumbrando al peso del arma”.

Hecho cuatro: “Marcos” después se inventó un discurso y un programa “indigenistas”. Pero esa es una máscara bonita, para engatusar idiotas útiles. Desde el principio y hasta hoy su programa no ha sido otro que el de la revolución socialista. Su objetivo ha sido imponer a México lo que los comunistas le impusieron a media humanidad: el régimen más maligno de la historia, responsable del asesinato de cuando menos 100 millones de personas.

Hecho cinco: “Marcos”, con su dinero sucio salido de secuestros, extorsiones y asesinatos, se suma a la “caravana por la paz”, para marchar tomado de las manos con quienes claman “Basta de sangre!” y le reclaman al Presidente haber molestado a los pobres narcos.

¿Buscan estos señores el fin de la violencia? ¡Por supuesto que no! La violencia es un mero pretexto. Su negocio no es la paz, no es la seguridad pública. Su negocio es el mismo viejo, sucio y totalitario afán de la revolución socialista.