'Que me maten, pero frente al Palacio'

"Que me asesine aquí enfrente, para vergüenza del gobierno", dijo Marisela Escobedo días antes de su muerte frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua.

Era el 7 de diciembre y con un pequeño campamento Marisela emprendía una más de las acciones de reclamo de justicia para su hija Rubí, a pesar de las amenazas de muerte que recibió en su contra por parte de Sergio Barraza, asesino confeso de la adolescente de 16 años.

Luego del asesinato de su hija, Marisela, una enfermera jubilada del IMSS que vivía de una carpintería abierta con su pensión, dejó el negocio para dedicarse de lleno al cuidado de su nieta Heidi y a la exigencia de justicia. Desde el primer día se topó con autoridades que la despreciaron, por lo que emprendió ella misma la búsqueda de Sergio desde 2008.

Con la pancarta de su hija en una mano y la carriola de su nieta en otra, barrió la ciudad fronteriza para ubicarlo, ofreciendo los mil 500 dólares de sus ahorros como recompensa.

Así lo ubicó en Fresnillo, Zacatecas, donde fue detenido por la Policía municipal y trasladado a Ciudad Juárez. Sergio confesó el crimen y señaló el sitio donde se deshizo del cuerpo de Rubí, pero las autoridades judiciales lo absolvieron por falta de pruebas, decisión que apeló la madre.

Cuando un tribunal de casación condenó a Sergio a 50 años, en un nuevo juicio, él ya había escapado. Con ayuda de sus hijos y hermanos, Marisela lo ubicó de nuevo en Fresnillo, donde se les escapó a más de 50 policías y militares.

A inicios de año, convocó a otras madres de adolescentes asesinadas o desaparecidas para emprender una caravana en búsqueda de justicia. A bordo de de dos camionetas y en compañía de sus hijos, hermanos, cuñados y primos, recorrieron seis estados hasta llegar al DF.

Dormían a veces en las camionetas, comían tortas. En su bolsa cargaba la foto del asesino y la de su hija, y decenas de documentos y cartas firmadas por las autoridades que no cumplieron con la justicia.

Marisela llegó hasta Los Pinos, para solicitar una audiencia con Felipe Calderón, quien no la recibió. Personal de Presidencia accedió a hablar con ella detrás de las vallas de seguridad.

Los gobernadores de Chihuahua José Reyes Baeza y César Duarte, despreciaron su exigencia de justicia. La última ocasión fue en un evento público con universitarios. Ante Duarte, la mujer extendió una pancarta que decía "justicia, privilegio de gobiernos", lo cual enfureció al político, quien la reprendió.

A raíz de eso, Marisela decidió establecer un campamento frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua. "No me voy a mover de aquí hasta que detengan al asesino de mi hija", declaró.

Marisol murió en el lugar donde días antes denunció las amenazas para que desistiera de su lucha. Ante las cámaras, con la misma voz valiente y enérgica con que exigió justicia a lo largo de dos años, retó al gobierno y a su futuro asesino.

"Si me va a venir ese hombre a asesinar, que venga y me asesine aquí enfrente, para vergüenza del gobierno. Tengo amenazas por parte de él, por parte de la familia, él ya está involucrado en el crimen organizado. ¿Qué está esperando el gobierno? Que venga y termine conmigo, que termine conmigo aquí enfrente, a ver si les da vergüenza".

Marisela fue asesinada después de que el Secretario de Gobernación, Francisco Blake, pidiera "sacudirse el miedo" y denunciar los crímenes.