La cobardía política de Marcelo Ebrard ante Sandoval Iñiguez

Las declaraciones del cardenal Juan Sandoval Iñiguez contra Marcelo Ebrard son apenas la punta de la hebra de un enredo político de múltiples derivaciones:

1.- El caso Posadas. La Corte Suprema se negó a atender la solicitud de la jerarquía católica para investigar el asesinato del cardenal Posadas en 1993 como una violación grave de las garantías individuales del prelado. La acusación de la iglesia fue hecha directamente contra Carlos Salinas de Gortari, de quien Ebrard fue uno de sus más cercanos colaboradores. En 1993, Manuel Camacho y Ebrard operaron directamente las relaciones con la jerarquía católica para controlar los daños y proteger a Salinas.

2.- El delito de opinión. El delito de “daño moral” fue inventado por el presidente Miguel de la Madrid en diciembre de 1988 como una forma de coartar la libertad de opinión y contener la crítica contra los funcionarios. En aquella ocasión se le llamó “ley mordaza” y fue acotada a favor de los comunicadores. Ebrard habría sido cómplice de esa ley de De la Madrid porque trabajaba directamente con Manuel Camacho, entonces subsecretario de Programación y segundo del secretario Carlos Salinas de Gortari.

3.- El dardo lanzado por el cardenal Sandoval dio en el blanco: obligará al PAN a definir sus alianzas estratégicas porque el PAN de César Nava ha tenido que asumir las agendas social y sexual del PRD. La crítica del cardenal Sandoval contra la decisión de la Corte de avalar bogas gay y adopciones gay tiene que ver directamente con Ebrard, su promotor.

Y en las discusiones en la ALDF y en la Corte, el PAN y el gobierno panista tuvieron que ceder banderas ideológicas históricas paras no molestar la alianza del PAN con el PRD. Más aún: Ebrard-Camacho arman una alianza PAN-PRD en el DF donde se aprobaron las reformas gay.

4.- Ebrard vio la crítica del cardenal Sandoval con su tradicional oportunismo: un debate mediático que le llevará a ganar algunos puntos en las encuestas del PRD. Por eso se quiere vestir como el Quijote para proteger el molino de viento del Estado laico. Eso sí, revela la intolerancia de los tolerantes.

Una demanda de daño moral quiere ponerle una mordaza a la iglesia y a los críticos de la agenda sexual de las minorías, aprobada en contra de las mayorías. Ebrard quiere escandalizar sobre el tema para acotar las declaraciones críticas de la jerarquía católica contra la agenda sexual del PRD avalada por el PAN. Ante el efecto de las declaraciones del cardenal Sandoval en la comunidad católica, Ebrard busca amordazarlas con la amenaza de la demanda civil de daño moral.

5.- El dardo del cardenal Sandoval hará más daño en el PAN que en el PRD o en la popularidad de Ebrard. El PAN quedó atrapado entre su doctrina cristiana y sus alianzas con el PRD. De ahí que la declaración del cardenal Posadas haya logrado su objetivo: obligar al PAN a definir su lealtad ideológica y política y de paso lastimará los gobiernos de coalición en Puebla, Oaxaca y Sinaloa, donde el PRD ya instruyó a los gobernadores aliancistas a imponer la agenda sexual de las minorías.

Por lo demás, el tema central del daño moral tampoco se presenta positivo para Ebrard, sobre todo porque se trata de un delito inventado por De la Madrid para coartar la libertad de expresión y de crítica.

Y al final, las acusaciones de daño moral son fundamentalmente económicas, no penales. Pronto sabremos cuánto vale la moral de Ebrard. El artículo 1916 del código civil señala que el daño moral tiene que probar que causó deterioros en los “sentimientos, afectos, decoro, honor, reputación, vida privada y aspectos físicos” de Ebrard.

Y ahí se localiza una arena movediza: si Ebrard quiere ganar, tiene que demostrar que el cardenal Posadas tuvo tino en su dardo y probar daños en sus sentimientos. Por tanto, debería someterse a un examen siquiátrico.

Y adicionalmente podría presentar como prueba una encuesta que probara que los dichos del cardenal Sandoval le disminuyeron puntos en la encuestas y con ello darle armas a López Obrador en la carrera por la candidatura presidencial de la Alianza promovida por su operador Manuel Camacho.

Lo grave para Ebrard se localiza en un funcionario público con aspiraciones presidenciales pero bastante sensible a la crítica e incapaz de responder con las armas de la política. Es decir, un funcionario autoritario que quiere evitar el debate con la ley. El siguiente paso sería la decisión de Ebrard de coartar la libertad de crítica, de expresión y, ya encarrilado, de pensamiento.

El delito de daño moral fue creado para beneficiar la impotencia política de los funcionarios públicos negados a la crítica y al debate. Es decir, de funcionarios que saben que carecen de razones para convencer y acuden a las chicanas de la ley para silenciar al adversario. Ebrard buscaría así un manotazo legalista para evitar el debate sobre las decisiones para imponer derechos sexuales de las minorías por encima de las mayorías.

La ley es clara: el daño moral castiga los señalamientos de una persona contra otra sobre un hecho “cierto o falso”. Por ello es que la demanda de Ebrard es simplemente una forma de cobardía política para convencer. Y al final, Ebrard tendrá que probar que se siente sentimentalmente herido, algo sin duda significativo en un político que quiere ser Presidente de la República.

Es decir, que habrá que sentir lástima por el Ebrard sicológicamente quebrado por una declaración del cardenal Sandoval. Como aspirante presidencial Ebrard parece un jarrito de Tlaquepaque, municipio donde se localiza el arzobispado del cardenal Sandoval.