Patraña en busca de ‘evidencias’

La opinión de José Torero de que en el basurero de Cocula no hubo la incineración de normalistas desaparecidos el 26 de septiembre de 2014, no se basó en evidencias ni en razonamientos científicos y técnicos, sino en la decisión tomada de antemano por los “expertos” de la CIDH de que debía desacreditarse a como diera la investigación realizada por la PGR.

Si las cosas quedaran ahí, entonces la PGR, cuando aún la presidía Jesús Murillo, habría actuado con negligencia y candidez al tomar por ciertas las declaraciones de los sicarios detenidos que ejecutaron a los normalistas, todos los cuales previamente se habían puesto de acuerdo para mentir, porque todos -interrogados por separado- declararon lo mismo.

Pero en apoyo a su versión la PGR ha presentado como evidencia restos humanos calcinados y pruebas de ADN han confirmado que al menos algunos de ellos corresponden a dos de los desaparecidos. Entonces -los “expertos” dan a entender- la PGR habría “sembrado” esas evidencias en el basurero de Cocula ¿Para qué?

Los “expertos” no dan respuesta a la pregunta obligada, pero sí el aparato de propaganda de la izquierda y los militantes del ERPI que controlan la normal de Ayotzinapa y a los padres de familia: para ocultar que los militares y no los sicarios detenidos, fueron quienes recibieron a los desaparecidos de manos de los policías municipales de Iguala.

Ahora los “expertos”, sin esperar al nuevo estudio del basurero de Cocula, repiten su patraña y en apoyo de la misma muestran imágenes satelitales de la NASA, en las que entre el 26 y 27 de septiembre de 2014 no aparece “incendio” alguno en Cocula.

Para empezar hablar de “incendio” es una tergiversación que repite la de Torero. La PGR nunca refirió un “incendio” sino una incineración, cosa muy distinta. Además están los datos de nubosidad sobre Cocula que hubo en esos días y habría impedido el registro satelital de fuegos.

Pero el asunto no es técnico, sino político. Los “expertos” de la CIDH siguen firmes en su decisión de culpar con falsedad al ejército y al gobierno federal por la masacre de Iguala y de lograr la impunidad de los asesinos, incluyendo a los jefes del ERPI coludidos con Los Rojos, que enviaron a los normalistas al matadero.