¡Largo de aquí!

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha pervertido su mandato y razón de ser con su actuación respecto a la masacre en Iguala de los días 26 y 27 de septiembre de 2014.

Los directivos de la CIDH no buscan contribuir a aclarar la desaparición de los 43 normalistas y hacer justicia, sino desacreditar al gobierno federal atribuyéndole una culpa que no tiene, para así favorecer su agenda política e ideológica en México.

La actuación de la CIDH es astuta. No hace acusaciones frontales sino oblicuas, pues de las primeras se encarga el aparato propagandístico de la izquierda en México, con el que trabaja en equipo. Por ejemplo los “expertos” de la CIDH descalifican la investigación de la PGR porque supuestamente la incineración de los 43 desaparecidos no pudo ser posible en el basurero de Cocula, pese a que los restos de dos víctimas ya han sido identificados.

Esa descalificación no implica otra cosa que la PGR tomó los restos de otro lugar y los “sembró” en el basurero. Eso ya no lo dicen los “expertos”, de eso se encarga el aparato de propaganda que construye historias tan rocambolescas como esta: los normalistas capturados por la policía de Iguala fueron entregados al ejército, el cual asesinó a por lo menos 2 ellos, los quemó y luego entregó los restos carbonizados a la PGR ¿Evidencias? ¡Ninguna!

La descalificación de la PGR es pura basura propagandística sin respaldo científico y ha sido refutada por los verdaderos expertos, incluidos los citados por la CIDH en forma tergiversada.

Pero la CIDH está enfrentando una resistencia imprevista en sus maquinaciones. Entonces ha subido la apuesta, pues el propósito último de llevar a AMLO al poder en 2018 y establecer el socialismo en México bien vale una gran campaña que Goebels habría envidiado.

Ahora la CIDH anuncia una visita a México pero no sólo por el caso de los 43 sino por la supuesta violación grave y generalizada de derechos humanos, como si viviéramos en…Cuba o Venezuela.

El gobierno del Presidente Peña no puede seguir errando en este asunto, ni claudicar. Debe defender con valor la verdad basada en pruebas, sacar de aquí a los “expertos” de la CIDH y denunciar las patrañas y maquinaciones políticas de sus directivos.